Desde hace un tiempo la derecha española intenta rearmarse ideológicamente con un catálogo de presuntos nuevos principios orientadores de su pensamiento político. La idea que lleva tiempo rondando a los estrategas del ideario conservador español es la de asimilar parte de los postulados puestos en práctica al otro lado del Atlántico por la administración republicana de Bush. Y, sin duda alguna, en el nuevo discurso que han ido articulando los conservadores españoles en los últimos años, ocupa un papel central el llamado conservadurismo compasivo, importado directamente desde la Casa Blanca y que tiene en la exaltación del nuevo liberalismo su componente fundamental.
La confrontación entre quienes sostienen esta vieja doctrina, disfrazada de novedoso arsenal de la nueva derecha contra la hegemonía del pensamiento socialdemócrata y su – para ellos- insidiosa cultura de la subvención, la restricción de libertades individuales y el excesivo peso del estado y lo público, centra buena parte del argumentario que ha ido construyendo el Partido Popular en los últimos años, sobretodo merced al liderazgo cada vez más evidente de líderes como Esperanza Aguirre.
La nueva derecha española está superando el viejo debate entre democristianos y conservadores, al que quedó arrinconada en el contexto europeo de finales de siglo, para capitalizar el concepto de libertad individual y personal frente a la pretensión de la vieja izquierda, para ellos estatalista, intervencionista y restrictiva hacia las libertades individuales.
Sin embargo, el gran problema del Partido Popular es la incoherencia en que permanentemente incurre a la hora de intentar plasmar en los grandes temas, el fruto de este nuevo planteamiento ideológico. Se queda en la anécdota, porque sabe que una postura liberal maximalista en los grandes asuntos, le llevaría al desastre más absoluto. En esa clave hay que interpretar las últimas palabras de José María Aznar, cuando refiriéndose a las campañas de la DGT sobre prevención de consumo del alcohol o limitación de la velocidad en las carreteras, apela a la libertad individual como único límite frente a la, según su idea, abusiva intromisión del estado en el ámbito individual.
Al margen de la barbaridad que en sí misma supone que un presidente del Gobierno se cargue dos décadas de política de prevención del consumo del alcohol en las carreteras, lo insólito del caso es que pretenda el susodicho, a partir de esta simpática ocurrencia, hacer un tratado de filosofía política que desemboque directamente en un panegírico ideológico a favor del liberalismo como nuevo sustrato ideológico de esta derecha definida como el baluarte de la libertad frente al socialismo integrador, inhibidor de la libertad individual y que recorta derechos al tiempo que expropia salarios para mantener un estado del bienestar que cercena la oportunidad del sector privado de hacer negocio en materias como la sanidad o la educación.
Y, si grave es que un ex presidente del Gobierno pretenda fundamentar un nuevo pensamiento político a partir de una estúpida discusión para calentar oidos agradecidos en torno a la suspensión de la famosa Ley del Vino, más triste es que una parte del coro mediático de esta nueva vieja derecha, se lance al unísono en la defensa de un líder al que aclaman por la valentía de posicionarse contra el pensamiento único y lo políticamente correcto y eso aun a sabiendas de que lo dicho es de una estupidez palmaria.
Si esto es así, si Aznar encarna eso, siendo como es Presidente del PP, me pregunto si el señor Rajoy promoverá en su programa electoral el fin de una política de prevención de la siniestralidad en las carreteras españolas que se inició hace muchos años y que siempre ha contado con el consenso básico de todos los gobiernos, incluido el del señor Aznar. En los últimos diez años, cerca de 40.000 personas se han dejado la vida en las carreteras. En más de un 30%, el alcohol estaba presente como causa, detonante o agravante.
Pobre de mí, progre insensato y reduccionista, que recurro a la demagogia para acusar a un ex presidente sabio y valiente, tan valiente como para abominar del pensamiento políticamente correcto imperante en esta sociedad en la que, hasta el PP, se tiene que tragar sus miserias y delirios liberales, y votar a favor del Sistema Nacional de Dependencia, el cuarto pilar de un estado del bienestar, materia en la que la nueva derecha bien podría haber puesto en práctica su nueva doctrina política, si hubiera tenido arrestos para hacerlo. Lástima que dejen ese triste honor a Aznar y a sus ocurrencias sobre la libertad para tomarse cuatro o cinco copas de vino antes de ponerse al volante, poner el coche a 180 o tomarse a cachondeo los esfuerzos de la DGT para acabar con una sangría intolerable en las carreteras españolas.
¿Se imaginan que en estos diez años esos 40.000 españoles hubieran muerto a causa del terrorismo?
viernes, 4 de mayo de 2007
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