miércoles, 21 de enero de 2009

GAZA

(II) LA PERSPECTIVA PALESTINA

Se ha completado la retirada del ejército israelí de Gaza, y se construye un alto el fuego sobre bases endebles – el enésimo en este conflicto- para que la comunidad internacional constate de modo fehaciente el fracaso de la diplomacia para detener una guerra tribal y vergonzosa en los tiempos que corren.

Disculpen por el retraso en la publicación de este segundo artículo, continuación del primero publicado en pleno apogeo de la operación “Plomo duro” y en la que analice, con vuestro concurso a través de los comentarios que aportábais –muchas gracias a todos- , el conflicto desde la perspectiva israelí.

Me ratifico en la búsqueda de la equidistancia y la serenidad a la hora de emitir cualquier juicio sobre un conflicto larvado en las entrañas de una tierra pobre en recursos y rica en historia, marcada a fuego por el legado de las tres grandes religiones monoteístas y que no conoce la paz desde tiempo inmemorial. Me reafirmo en la necesidad de respetar el derecho internacional, sus principios básicos y los contenidos de la Declaración Universal de los derechos humanos, como carta fundacional de la ONU a la que pertenece Israel como sujeto pleno de derecho internacional. Nada justifica una operación de la envergadura de la desarrollada por Israel en diciembre y enero, por desproporcionada, por errónea. Tendrá consecuencias a medio plazo, negativas para el propio Israel, que no tendrá mayores garantías de seguridad y estabilidad.

¿cómo se inició esta guerra larvada que se prolonga más de sesenta años?
Oficialmente en 1948, cuando los estados árabes que rodean Palestina declaran la guerra al estado que acaba de nacer, fruto de los planes de partición elaborados por la ONU ese mismo año. La guerra transcurre con fortuna para Israel, y se inicia el éxodo palestino hacia Gaza y los campos de refugiados de Líbano, Jordania, Siria y Egipto. La Nakba.
Mucho tiempo atrás, en Occidente ya se era consciente del desastre que se podía generar, en gran parte por la diplomacia secreta de la política colonial francesa y británica en la zona.

Sirvan las proféticas declaraciones de Balfour, Ministro inglés de exteriores cuando se empezó a negociar la creación de un estado hebreo en la zona, allá por los años 20:
«… les hemos prometido a los árabes la creación
de un hogar nacional árabe, de una monarquía
hachemita en Palestina, y les hemos prometido al
mismo tiempo a los judíos la creación de un hogar
nacional judío en no muchos años». Y terminaba Balfour
diciendo: «No podemos esperar un juicio muy
benevolente en el futuro de estas actuaciones»


Tras sucesivas guerras, acuerdos y desacuerdos, los tratados de Oslo consagraron el principio de que en la región ambas comunidades tenían derecho a coexistir, con la creación de un estado palestino árabe a partir de la devolución de los territorios ocupados por Israel desde la guerra de los seis días, en 1967. Se creaba, a tal fin, la Autoridad Nacional Palestina, como ente político-administrativo que debía asumir la interlocución palestina en el intervalo.

Sin embargo, un vistazo al mapa de los límites del futuro estado palestino dan idea de la inviabilidad del mismo, no solo desde el punto de vista organizativo, sino, sobretodo, económico.

Además, quedaban sin tratar asuntos espinosos como los Altos del Golán -reivindicados por Siria- y, fundamentalmente, la partición de Jerusalén, reconocida por Israel como su irrenunciable capital frente a la comunidad internacional, que sitúa la misma en Tel Aviv y no reconoce Jerusalén como capital del estado hebreo.

El liderazgo de la causa palestina recayó, durante muchos años, en Yasser Arafat. Sin embargo, a su muerte, las elecciones celebradas en los territorios bajo dominio de la ANP dieron el triunfo a Hamas, el grupo de inspiración islamista que había conseguido ganar más apoyos en los territorios ocupados a partir de una efectiva red de atención social que contrastaba con la percepción ciudadana de que la formación rival, Fatah, se había entregado a la corrupción y los intereses occidentales.

Por unas u otras razones, el liderazgo de la causa palestina, hoy en día, transita hacia un abismo complejo. El respaldo masivo a Hamas probablemente se haya reforzado con la ofensiva israelí, reforzando la teoría de que la violencia extrema favorece las posiciones igualmente extremas. A mi modo de ver la imagen de Al Fatah, la única facción viable para Occidente que ha reconocido los acuerdos de Oslo, se deteriora porque sus líderes, con mayor presencia en Cisjordania, no aparecen como víctimas de una ofensiva que se ha cebado con la población civil. No han sufrido en sus carnes la guerra.

Al mismo tiempo, Occidente sabe que el conflicto nutre de justificaciones ideológicas a los radicalismos islamistas, el terrorismo que sacude puntualmente nuestras ciudades y países. Y para ello, se ve en la tesitura de negociar con la fuerza electoralmente dominante en la región, Hamás, influenciada peligrosamente por Irán y cerca de otras organizaciones terroristas como Hezbola.


Lo paradójico es que Israel, como hicieran los Estados Unidos en los ochenta en Afganistán, fío su estrategia al fortalecimiento de grupos islamistas como Hamás, frente a movimientos de inspiración originariamente laica y de vocación nacionalista panárabe como Fatah.

Ahora se pagan las consecuencias de alimentar a una bestia, si no directamente, sí debilitando las otras opciones porque eran percibidas como amenazas mayores en su momento. A Israel le interesó siempre debilitar el factor panárabe, y eso ha sido aprovechado por Irán para ganar influencia en la región, invocando el factor religioso islámico.

Unas reflexiones finales.

En la Franja de Gaza subsisten más de un millón y medio de personas. Habitan un territorio fronterizo con Egipto, un vecino no siempre amable y temeroso de la expansión de movimientos islamistas como los Hermanos Musulmanes en su propio territorio. Un millón y medio de seres humanos que habitan un territorio de apenas 360 kilómetros cuadrados, cercado por un muro de protección levantado ante la pasiva indiferencia de Occidente.

Un millón y medio en 360 kilómetros cuadrados. Más de 4.000 habitantes por kilómetro cuadrado en Gaza. ¿cómo no iba a haber muertos civiles? Cerca de mil en tres semanas.

El término municipal de mi pueblo, La Roda, tiene 390. Y somos 16.000.


Cuánta sangre por tan poco.

martes, 6 de enero de 2009

GAZA

(I) UNA MIRADA DESDE LA PERSPECTIVA ISRAELÍ

Al fin me decido a escribir sobre este desastre. Porque es un desastre de grandes consecuencias. Me explico. Desde que en 1948 se desatara la primera gran guerra entre árabes e israelíes en Oriente Próximo, este conflicto ha sido, por este orden, campo de batalla de la Guerra Fría y la lucha entre bloques, catalizador de la acción de grupos terroristas islamistas, válvula de escape de la política interna israelí o testimonio del fracaso más absurdo atribuible a las Naciones Unidas, cuyas resoluciones en torno a este conflicto carecen del más mínimo valor. Un desastre en términos políticos porque inyecta gasolina al fuego latente y alentará el fanatismo en uno y otro lado.

Cuando empecé a interesarme por el conflicto árabe israelí, lo quise hacer desde el lado hebreo en primer término.

Y a esta perspectiva dedico este primer comentario.

Siempre he sentido cierto rechazo por las versiones maniqueas de la historia, pero más aún por la política de hechos consumados a la hora de encasillar en bloques estancos a los defensores de Israel y a los de la causa palestina. Comencé por un libro de Shlomo Ben Ami, "Israel entre la guerra y la paz", de quien fuera embajador de Israel en España en los ochenta, y un tipo con un inmenso bagaje cultural. No soy un experto en este asunto, ni tengo la más mínima pretensión de que en un post, o dos, o varios –que el tema da para muchos- se vaya a aportar algo más que no sea la visión subjetiva y escasamente precisa de un aficionado a la historia. Así que, permítanme que no tome partido, si no es por el derecho internacional y la defensa de los derechos humanos, en torno a los cuales –mis queridos críticos- pueden acusarme de manifiesta parcialidad sin temor a reproche alguno.

Así, a primera vista y a mi humilde entender, el factor electoral es clave en esta acción ofensiva israelí. En febrero hay elecciones. Y que Dios nos coja confesados si, como parece, el Likud de Netanyahu, se hace con un triunfo electoral que hasta esta ofensiva se daba como seguro en Israel. La coalición gobernante, con Kadima y el Partido Laborista ha desatado la ofensiva con la intención de combatir la percepción ciudadana de indolencia frente a los ataques palestinos con los ya famosos cohetes Qassam. Si se tiene en cuenta que la población israelí percibe la famosa desconexión de Gaza como una concesión harto generosa por parte de Israel a la causa palestina, se entenderá que la psicología colectiva no asuma cómo después de ceder en este asunto, se utilice Gaza como punto de lanzamiento de cohetes, por parte de Hamas, sobre las ciudades vecinas de Israel.

Otro factor a tener en cuenta. La losa de la derrota en Líbano en 2006.
Sí.
Derrota.
Cuando un estado posee suficiente armamento convencional y no convencional como para destruir a otro enemigo que use tácticas de guerra convencional en apenas 72 horas, cualquier estancamiento en las operaciones, o la pérdida de soldados en una proporción más alta de la normal, es entendido por la ciudadanía como una derrota.

Ya lo sufrió Estados Unidos en Vietnam o más recientemente en Irak. Y hace un par de años Israel lo experimentó en sus carnes en su acción contra Hezbolá en Líbano.

Hamás lo sabe, y por ello quiere llevar la acción al cuerpo a cuerpo, donde más difícil va a resultarle a Israel minimizar bajas y transmitir la imagen de una victoria ejemplarizante, absoluta, total, como las que jalonaron el glorioso pasado de un ejército acostumbrado a luchas épicas contra una multitud de enemigos.

De modo que, de lado israelí, o la operación termina con una victoria absoluta a ojos de sus ciudadanos, o el actual gobierno, con Livni y Barak jugándoselo todo a la carta de la firmeza como única salida, lo va a tener crudo frente al Likud. Este partido ha jugado en la política israelí la baza del nacionalismo hebreo, la desconfianza hacia los árabes y la oposición a cualquier pretensión de desmantelamiento de los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania, verdadero caballo de batalla de este laberinto y cuestión indefendible por nadie en su sano juicio, porque se basan en la concepción de israelizar con judíos ortodoxos los territorios ocupados con emplazamientos artificiales que rompan la identidad palestina en un territorio del que fueron expulsados hace ahora 42 años. Totalitarismo puro.

Un comentario final. ¿se acuerdan de Isacc Rabin? Aquél primer ministro al que un apretón de manos a Arafat con Clinton como maestro de ceremonias le costó la vida por obra y gracia de un extremista de la derecha radical israelí, contraria al proceso de paz.

En 2005 se conmemoró el décimo aniversario del magnicidio.

Por primera vez, al acto acudió un miembro del gobierno del Likud, la derecha teóricamente moderada de Israel. Hasta ese momento, seguía siendo como un traidor a la causa israelí, un cobarde que había cedido ante los terroristas de la OLP.

Ese miembro del gobierno era Tzipi Livni, actual ministra de exteriores. Hasa ese punto la situación política interna condiciona lo que está ocurriendo en Gaza.

Será candidata por Kadima, la fuerza de centro-derecha escindida del Likud y que concurre a las elecciones en febrero al frente de dicho partido.