Esto me ha jodido mucho.
Pero no por ello os voy a castigar con un lapidario epitafio sobre la vida y obra de un genio de la música.
No merece la pena. A estas horas una legión de cronistas de lágrima póstuma están alzando el pedestal que coronarán con la figura frágil y enjuta de un ídolo más. A estas horas están buceando en rumores y leyendas de sus años de plomo, los primeros 90 en los que Antonio Vega se despeñaba por la oscuridad, y el deterioro físico empezaba a forjar su leyenda, como si quisiera dar la razón a los que le llamaron ese chico triste y solitario. Fue entonces cuando, lejos de Nacha Pop, inició una carrera en solitario llena de grandes creaciones, repletas de melancolía y sentimiento.
Hace unos meses pude verlo por última vez en concierto, en Toledo. Débil, pálido, encorvado sobre sí mismo y su guitarra, aferrándose a su música como un poeta guerrero, nunca derrotado pero tantas veces dado por muerto. Cuánto me alegro de haberlo visto por última vez
Queda su música. Menudo legado.
Os dejo con un clásico de Serrat con voz de Antonio Vega. Aparte de gran compositor y creador, era un gran intérprete, y esta es la prueba.
Ahora tú, no dejes de hablar.
Somos, coordenadas de un par.
Incógnita que aún falta por despejar.
martes, 12 de mayo de 2009
jueves, 30 de abril de 2009
LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS
Una de libros para recuperar el tracto sucesivo que pretendía tener esta página y que he tenido que interrumpir durante bastante tiempo, mucho más del deseado.
Se llama “La soledad de los números primos”, una de esas sorpresas editoriales que de cuando en cuando aparecen de la nada para convertirse en referente de la actualidad narrativa.
Lo acabo de leer, y no me resisto a hablar de él, porque se trata de un magnífico ejemplo de narrativa contemporánea condensada en doscientas y pico páginas que se despachan con un interés que ya echaba en falta en lecturas recientes.
En un tiempo dominado por las tramas ahistóricas, la narrativa de suspense criptográfico o el manejo al antojo de las tramas conspiranoicas pseudobíblicas –cuánto daño ha hecho el Código da Vinci- la aparición de libros como este del que os hablo es toda una sorpresa. Mejor dicho. La sorpresa es que se conviertan en éxito editorial y sean carne de reedición, porque hay grandes títulos que pasan de largo por las estanterías de librerías y bibliotecas, ajenos a la suerte de que el establishment literario ose poner su atención en ellos.
Que no suene esta reflexión a desaire antisistema porque, como Umbral, he venido a hablar de mi libro. O del libro de Paolo Giordano. Mis disculpas, pero siento un ansia terrible por apropiarme de lo que ha escrito este chaval de 27 años.
La contraportada, excesivamente extensa para mi gusto, nos da la clave para identificar el título con el contenido. Ciertos números primos –aquéllos divisibles sólo por uno y por sí mismos- sólo están separados por un número entre ellos. Son los llamados primos gemelos. Es el caso del 17 y el 19, por ejemplo, sólo separados por un simple 18.
Con esta premisa matemática, el autor construye un relato basado en la afinidad de seres tan extraños, tan distintos, tan especiales como los números primos más cercanos entre sí, condenados a una cercanía próxima a otro igual a ellos pero sin que exista el roce de la proximidad inmediata. Sólo una pequeña distancia los separa.
Hay una extraña familiaridad en la narración. Mucha gente se sentirá identificada con unos personajes en los que la soledad encubre el tormento de ser diferente por lo que somos y por lo que hemos vivido.
Suenan los Cure, Pictures of you, y veo a Alice caída en la nieve, boca arriba, mientras Mattia se esfuerza en calcular la distancia a la que se encuentra la línea del horizonte por el grado de inclinación de los tejados que puede ver desde su ventana.
Se llama “La soledad de los números primos”, una de esas sorpresas editoriales que de cuando en cuando aparecen de la nada para convertirse en referente de la actualidad narrativa.
Lo acabo de leer, y no me resisto a hablar de él, porque se trata de un magnífico ejemplo de narrativa contemporánea condensada en doscientas y pico páginas que se despachan con un interés que ya echaba en falta en lecturas recientes.

En un tiempo dominado por las tramas ahistóricas, la narrativa de suspense criptográfico o el manejo al antojo de las tramas conspiranoicas pseudobíblicas –cuánto daño ha hecho el Código da Vinci- la aparición de libros como este del que os hablo es toda una sorpresa. Mejor dicho. La sorpresa es que se conviertan en éxito editorial y sean carne de reedición, porque hay grandes títulos que pasan de largo por las estanterías de librerías y bibliotecas, ajenos a la suerte de que el establishment literario ose poner su atención en ellos.
Que no suene esta reflexión a desaire antisistema porque, como Umbral, he venido a hablar de mi libro. O del libro de Paolo Giordano. Mis disculpas, pero siento un ansia terrible por apropiarme de lo que ha escrito este chaval de 27 años.
La contraportada, excesivamente extensa para mi gusto, nos da la clave para identificar el título con el contenido. Ciertos números primos –aquéllos divisibles sólo por uno y por sí mismos- sólo están separados por un número entre ellos. Son los llamados primos gemelos. Es el caso del 17 y el 19, por ejemplo, sólo separados por un simple 18.
Con esta premisa matemática, el autor construye un relato basado en la afinidad de seres tan extraños, tan distintos, tan especiales como los números primos más cercanos entre sí, condenados a una cercanía próxima a otro igual a ellos pero sin que exista el roce de la proximidad inmediata. Sólo una pequeña distancia los separa.
Hay una extraña familiaridad en la narración. Mucha gente se sentirá identificada con unos personajes en los que la soledad encubre el tormento de ser diferente por lo que somos y por lo que hemos vivido.
Suenan los Cure, Pictures of you, y veo a Alice caída en la nieve, boca arriba, mientras Mattia se esfuerza en calcular la distancia a la que se encuentra la línea del horizonte por el grado de inclinación de los tejados que puede ver desde su ventana.
lunes, 16 de marzo de 2009
ESPAÑA MIRÁNDOSE AL OMBLIGO
A estas alturas ya saben de mi fascinación por la política exterior.
Siempre he sentido especial predilección por ese campo. En la facultad tuve la suerte de encontrarme con un gran profesor de derecho internacional, el catedrático Fernández Tomás, que aunaba esa perfecta combinación de sabiduría y pedagogía para explicar y –tan importante o más- saber explicar unos contenidos a los que nos acercábamos desde la ignorancia más absoluta en la materia.
El caso es que aquél catedrático nos animaba a seguir en periódicos e informativos de televisión cuantas noticias referidas a política exterior aparecieran. Se trataba de un apreciable volumen de información que podía resultar un útil material de apoyo en la asignatura y familiarizar a la concurrencia con términos como Naciones Unidas, OTAN, Unión Europea, convenciones internacionales, cumbres bilaterales, etc.
Creo que es por esta razón, por la que mantengo la costumbre de buscar la sección de internacional en la prensa escrita, por muy estridente que sea la noticia doméstica que el susodicho diario lleve a la portada, política por cierto, muy asentada en la prensa española que, a diferencia de los mejores periódicos europeos, casi siempre otorga más importancia a los asuntos patrios que a los internacionales. Y así nos luce.
Ejercicio práctico. Hoy, 16 de marzo de 2009. Primera página del diario El País. Nueve noticias en portada. Ocho de ellas hacen referencia a asuntos indubitadamente ibéricos, desde las elecciones vascas y sus consecuencias, hasta la trama de espionaje en la comunidad de Madrid. Y entre ellas, dos perlas:
- José Tomás triunfando en Valencia
- El Barça gana al Almería
Sobran las palabras.
Hay una noticia internacional, pero que por su evidente relación con la crisis económica, no deja de tener clara vinculación con preocupaciones de aquí, de casa.
Si vamos al diario El Mundo, en la edición de hoy 16 de marzo aparecen siete noticias en portada, todas tan españolas como la tapa y el carajillo. Ni una referencia exterior.
Uno puede pensar que en el mundo no ha pasado nada este fin de semana, nada al menos digno de ser mencionado en nuestros rotativos. Pero resulta que se ha producido un resultado electoral histórico en El Salvador -un país asolado por la guerra civil durante décadas- graves disturbios y protestas en Pakistán –país que pertenece al selecto club de poseedores de armas nucleares y clave en términos geopolíticos- ataques suicidas en Afganistán y muerte de varios soldados de la misión internacional en ese país (ISAF) en la que hay españoles presentes…
Por último, la noticia del temido acuerdo entre el Likud (una derecha muy ultra) e Israel Beitenou (una derecha más ultra todavía) para gobernar en Israel, con Netanyahu al frente del gobierno.
Malos tiempos se avecinan en Oriente Próximo. Ya lo advertíamos.
Así que, cuando dentro de unos días estalle la crisis humanitaria que arrojará en nuestra sobremesa imágenes de refugiados hambrientos, o veamos una escalada militar con consecuencias sobre el precio de nuestra gasolina, o sintamos el temor de un nuevo ataque terrorista del islamismo radical en aquélla capital europea en la que estuvimos haciendo turismo el verano pasado, asistiremos al repertorio de especiales y reportajes sobre lo que la actualidad nos ha arrojado a la mesa, con rictus de sorpresa cariacontecida en los televidentes ibéricos, absortos como estaban en la polémica de Rivera Ordóñez y la puñetera medalla, o la habilidad de Huntelaar para armar el disparo en tan poco espacio en el área rival en San Mamés.
Sobre todo aquello que, estando ante nuestras narices, no nos fue posible ver, por nuestra penosa tendencia a pensar que el mundo mas allá de los Pirineos, solo existe cuando hay Champions, Eurocopa, Mundial o la etapa reina del Tour.
Siempre he sentido especial predilección por ese campo. En la facultad tuve la suerte de encontrarme con un gran profesor de derecho internacional, el catedrático Fernández Tomás, que aunaba esa perfecta combinación de sabiduría y pedagogía para explicar y –tan importante o más- saber explicar unos contenidos a los que nos acercábamos desde la ignorancia más absoluta en la materia.
El caso es que aquél catedrático nos animaba a seguir en periódicos e informativos de televisión cuantas noticias referidas a política exterior aparecieran. Se trataba de un apreciable volumen de información que podía resultar un útil material de apoyo en la asignatura y familiarizar a la concurrencia con términos como Naciones Unidas, OTAN, Unión Europea, convenciones internacionales, cumbres bilaterales, etc.
Creo que es por esta razón, por la que mantengo la costumbre de buscar la sección de internacional en la prensa escrita, por muy estridente que sea la noticia doméstica que el susodicho diario lleve a la portada, política por cierto, muy asentada en la prensa española que, a diferencia de los mejores periódicos europeos, casi siempre otorga más importancia a los asuntos patrios que a los internacionales. Y así nos luce.
Ejercicio práctico. Hoy, 16 de marzo de 2009. Primera página del diario El País. Nueve noticias en portada. Ocho de ellas hacen referencia a asuntos indubitadamente ibéricos, desde las elecciones vascas y sus consecuencias, hasta la trama de espionaje en la comunidad de Madrid. Y entre ellas, dos perlas:
- José Tomás triunfando en Valencia
- El Barça gana al Almería
Sobran las palabras.
Hay una noticia internacional, pero que por su evidente relación con la crisis económica, no deja de tener clara vinculación con preocupaciones de aquí, de casa.
Si vamos al diario El Mundo, en la edición de hoy 16 de marzo aparecen siete noticias en portada, todas tan españolas como la tapa y el carajillo. Ni una referencia exterior.
Uno puede pensar que en el mundo no ha pasado nada este fin de semana, nada al menos digno de ser mencionado en nuestros rotativos. Pero resulta que se ha producido un resultado electoral histórico en El Salvador -un país asolado por la guerra civil durante décadas- graves disturbios y protestas en Pakistán –país que pertenece al selecto club de poseedores de armas nucleares y clave en términos geopolíticos- ataques suicidas en Afganistán y muerte de varios soldados de la misión internacional en ese país (ISAF) en la que hay españoles presentes…
Por último, la noticia del temido acuerdo entre el Likud (una derecha muy ultra) e Israel Beitenou (una derecha más ultra todavía) para gobernar en Israel, con Netanyahu al frente del gobierno.
Malos tiempos se avecinan en Oriente Próximo. Ya lo advertíamos.
Así que, cuando dentro de unos días estalle la crisis humanitaria que arrojará en nuestra sobremesa imágenes de refugiados hambrientos, o veamos una escalada militar con consecuencias sobre el precio de nuestra gasolina, o sintamos el temor de un nuevo ataque terrorista del islamismo radical en aquélla capital europea en la que estuvimos haciendo turismo el verano pasado, asistiremos al repertorio de especiales y reportajes sobre lo que la actualidad nos ha arrojado a la mesa, con rictus de sorpresa cariacontecida en los televidentes ibéricos, absortos como estaban en la polémica de Rivera Ordóñez y la puñetera medalla, o la habilidad de Huntelaar para armar el disparo en tan poco espacio en el área rival en San Mamés.
Sobre todo aquello que, estando ante nuestras narices, no nos fue posible ver, por nuestra penosa tendencia a pensar que el mundo mas allá de los Pirineos, solo existe cuando hay Champions, Eurocopa, Mundial o la etapa reina del Tour.
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