Esto me ha jodido mucho.
Pero no por ello os voy a castigar con un lapidario epitafio sobre la vida y obra de un genio de la música.
No merece la pena. A estas horas una legión de cronistas de lágrima póstuma están alzando el pedestal que coronarán con la figura frágil y enjuta de un ídolo más. A estas horas están buceando en rumores y leyendas de sus años de plomo, los primeros 90 en los que Antonio Vega se despeñaba por la oscuridad, y el deterioro físico empezaba a forjar su leyenda, como si quisiera dar la razón a los que le llamaron ese chico triste y solitario. Fue entonces cuando, lejos de Nacha Pop, inició una carrera en solitario llena de grandes creaciones, repletas de melancolía y sentimiento.
Hace unos meses pude verlo por última vez en concierto, en Toledo. Débil, pálido, encorvado sobre sí mismo y su guitarra, aferrándose a su música como un poeta guerrero, nunca derrotado pero tantas veces dado por muerto. Cuánto me alegro de haberlo visto por última vez
Queda su música. Menudo legado.
Os dejo con un clásico de Serrat con voz de Antonio Vega. Aparte de gran compositor y creador, era un gran intérprete, y esta es la prueba.
Ahora tú, no dejes de hablar.
Somos, coordenadas de un par.
Incógnita que aún falta por despejar.
martes, 12 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
Me uno al sentimiento y aporto aquí la pista a una joya menos escuchada pero que fascina por su sensiblidad en letra y música:
"A trabajos forzados"
A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.
No concibe mi alma mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.
No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez, declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.
El mayo del año pasado no fue un buen mes. Días después de Antonio Vega también nos dejó Mario Benedetti...
Publicar un comentario