Setenta y un años separan ambas fechas. Siete décadas en las que este desdichado país ha sufrido una guerra civil, una dictadura, un intento de golpe de estado y apenas un cuarto de siglo de democracia permanentemente asolada por el terrorismo de ETA, de grupos de extrema derecha y extrema izquierda durante la transición y, más recientemente, aunque algunos mantengan contra viento y marea una opinión contraria, por el terrorismo del islamismo radical.
Poco más de un cuarto de siglo de vigencia de las instituciones democráticas en este país suponen apenas un suspiro en la historia. Un breve preludio de libertad en medio de generaciones enfrentadas atávicamente por las armas y el odio mal disimulado de quienes siguen pensando en la forma en que tu abuelo mató al mío en la guerra.
Pese al título que encabeza este conjunto de reflexiones, no está en mi ánimo establecer una comparación entre las fechas de 1936 y 2007. No persigo la búsqueda y la identificación de síntomas comunes que preludien un desenlace similar al que se produjo con el sangriento enfrentamiento civil entre españoles. Más bien pretendo llamar la atención sobre lo contrario, sobre el indisimulado afán de algunos predicadores del Apocalipsis ibérico por revivir el clima de enfrentamiento y tragedia que terminó con la orgía de sangre de aquellos años que finiquitaban la década de los 30.
Cito nombres, de sobra conocidos para quienes se desayunen cada mañana con el hálito infame de quienes mancillan la palabra libertad intentando quedar bajo su exclusivo amparo a partir de postulados económicos que nada tienen que ver con la forma en que los hombres se sienten libres en la sociedad en que viven.
Pío Moa, sin duda merece ser citado de manera preeminente. Sin valorar méritos académicos ni caer en la crítica fácil sobre los orígenes más o menos oscuros del personaje, la decidida labor de este apóstol del revisionismo histórico marca un antes y un después en la historiografía española de la guerra civil. No es que el sujeto cuestione verdades admitidas por una historigrafía científica, racional y ampliamente respaldada por las fuentes consultadas. La principal hazaña de este terrorista arrepentido es devolvernos al clima prebélico del 36 inspirando a quienes el pasado 3 de febrero corearon con orgullo y aplomo aquello de “Zapatero, al hoyo con tu abuelo”. Como bien se conoce, el abuelo del presidente del Gobierno fue fusilado en 1936 por sus compañeros de armas, acusado de cometer el infame delito de no rebelarse contra un gobierno legítimo al que había jurado lealtad, comprometiendo en ello su honor. Más tarde, el franquismo teórico encontró perfecta justificación al golpe del 36 trasladando la culpa del desastre a otros artífices. Nuestros mayores todavía recordarán aquél “Rusia es culpable”, que sirvió de banderín de enganche para los voluntarios de la División Azul, que compartieron trinchera con las SS bajo el padrinazgo de Adolf Hitler. Luego asentaron lo que en derecho podría entenderse como una masiva reconvención, bajo la cual los reos de alzamiento y auxilio a la rebelión serían aquéllos que no apoyaron moral y físicamente el golpe del 18 de julio. De ese modo, la perversión del lenguaje puede amparar el golpismo y la traición.
Haciendo una breve abstracción, demos el salto en el tiempo y situémonos en octubre de 2006. De esa fecha es el siguiente texto publicado por el señor Moa:
“La actual situación política española puede definirse así: un proceso de destrucción de la Constitución, y con ella de la democracia y la unidad española, por la alianza entre terroristas, separatistas y un gobierno que, por ese mismo hecho, se convierte en golpista e ilegal.
Una sociedad moral y democráticamente sana repudiaría tal infamia. Pero en España, persiste una gran masa de población desorientada o claudicante. La causa está en el predominio de los medios de masas comprometidos de un modo u otro en el proceso golpista, y en la ausencia de una oposición medianamente seria. Por eso es la hora de los ciudadanos.
Cada demócrata español debe empeñarse con la máxima energía en contrarrestar el ataque de los liberticidas. El reto es difícil, pero respondiendo a él se fortalecerá la democracia española.
Nuestra tarea consiste en informar, organizar y movilizar a la masa sometida a la influencia de los medios pro golpistas. Una tarea difícil, pero no imposible. Cada ciudadano consciente debe aportar su esfuerzo y su iniciativa. Como otras veces en nuestra historia, así ocurrirá.”
Blog de Pío Moa, en Libertad Digital, octubre 2006
De tal forma que España está amenazada por un proyecto golpista, encarnado por un Presidente del Gobierno ilegítimo, amparado por medios de masas que adormecen a una sociedad insana. Así, concluye Moa, es preciso movilizar a la masa sometida, como otras veces se ha hecho en nuestra historia.
Este es el nuevo panegirista del revisionismo histórico de la guerra civil española. Este es el hombre que pretende reverdecer viejas proclamas, cuyo espíritu transita apaciblemente en la letra del “Cara al sol”, para apelar a las escuadras victoriosas que traigan un nuevo amanecer a España, como rezaba aquél himno.
Este es Pío Moa, el nuevo historiador oficial de una extrema derecha orgullosa de sus mitos y deseosa de buscar paralelismos que presagien una repetición de la historia más negra de España. La historia de la muerte y la violencia en bandos enfrentados que arrinconaron a la tercera España que fue, es y será posible si quienes tienen responsabilidad en ello, no jalean a los predicadores del odio.
Y de nada sirve la apelación a la movilización contra el revisionismo histórico supuestamente promovido por la Ley de la Memoria Histórica del gobierno socialista. Este país mantuvo durante medio siglo un silencio sepulcral en torno a los derrotados en aquella contienda fatídica. Nadie en su sano juicio puede censurar abiertamente una ley que pretende dar cobertura, por ejemplo, a los familiares que quieren dar digna sepultura a un antepasado reciente que quedó para siempre en la cuneta de una carretera, tras la tapia de un cementerio o en el fondo de un pozo. ¿quién puede sentirse ofendido porque un anciano quiera recuperar los restos de su padre? ¿quién puede encontrar abyectas tentaciones revisionistas en quien pide que se elimine del registro civil o del archivo de penados una condena a muerte ejecutada por auxilio a la rebelión o traición a la patria?.
Hay países que no están en paz con su pasado, que no han sellado la deuda moral contraída con su historia. Me temo que España es uno de ellos y lo seguirá siendo mientras la derecha vociferante y ramplona, aun travestida de supuesta pasión por la libertad, siga sojuzgando a la otra derecha posible, la europea, la que condena sin ambages en el Parlamento europeo una dictadura que nos sitúa en el mapa de la vergüenza de la segunda mitad del siglo XX.
miércoles, 14 de febrero de 2007
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