Los últimos resultados electorales de las legislativas francesas ofrecen múltiples lecturas. Como siempre, dependiendo de la posición del narrador, se pueden extraer conclusiones antagónicas y hacer análisis interesados. A mí, lo que me pide el cuerpo es huir de esa suerte de triunfalismo apoyado en la dulce derrota del 17 de junio, con un incremento de diputados del Partido Socialista en la Asamblea Nacional, y hacer una reflexión crítica de lo que está pasando no sólo en Francia, sino en el resto del continente.
Negar la evidencia de que existe un sonoro retroceso de la izquierda en el continente europeo es, aparte de una insensatez, una estupidez, porque contribuiría a mantener un status quo por el cual la socialdemocracia europea tiene que acostumbrarse a una dinámica de derrotas frente a la excepción de la victoria, más por deméritos de la derecha (Berlusconi en Italia) que por méritos propios. Lo cierto es que este análisis, que de cuando en cuando aflora en la ciencia política de la que lleva nutriéndose la izquierda continental durante cinco décadas, es más necesario que nunca a la vista de la deriva global.
En 1969, Richard Nixon, asolado por las protestas masivas de los campus universitarios contra su política de bombardeos masivos con napalm en Vietnam del Norte, se dirigió a la nación en un discurso que ha hecho historia, el de “la gran mayoría silenciosa”. Pretendía llamar la atención de una clase media temerosa de la deriva radical que escenificaba la izquierda estudiantil al calor de los efluvios del mayo francés, y que enarbolaba la bandera contra la guerra socavando valores hasta entonces sagrados para el norteamericano medio. Con aquélla apelación a la nutrida clase media norteamericana, Nixon se ganó la confianza ciudadana que ratificó con su triunfo electoral del 72, con uno de los márgenes más amplios de la historia, al vencer al demócrata Mc Govern por casi 20 puntos.
Sarkozy, que ha empleado con insistencia la estrategia de la desmitificación de grandes baluartes de la tradición republicana francesa, se siente alumno aventajado de la nueva derecha europea, la que pregona sin complejos la superación del debate ideológico frente a una izquierda a la que tilda, ironías del destino, de conservadora e inmovilista.
Se produce así una involución en los papeles que tradicionalmente se han asociado a izquierda y derecha, roles que han definido a las dos grandes corrientes de pensamiento ideológico que alimentan un sistema parlamentario lleno de contradicciones. Si Churchill ya se refirió a la democracia como el menos malo de los sistemas políticos, bien podría decirse que el paso del tiempo y la consolidación del mismo parece pasar la factura del desgaste a una izquierda que empieza a acostumbrarse a la derrota en el continente.
Porque Francia es sólo uno de los paradigmas. Antes, Cavaco ganó la presidencia de la República en Portugal, los laboristas retroceden según todos los indicios en Gran Bretaña, Merkel se consolida con los cristianodemócratas en Alemania y en toda Europa Oriental, quizá por la cercanía histórica del mausoleo comunista, la derecha más o menos nacionalista copa casi todo el poder, con Polonia y los gemelos Kaczinsky, como primer baluarte de la reacción conservadora y católica hasta un integrismo que lleva a reivindicar al susodicho la presencia de Dios en el texto constitucional europeo. Hasta en los países nórdicos, la cuna de la socialdemocracia moderna y admirada, la izquierda cede terreno en Suecia, Dinamarca y Noruega.
La evidencia de que la izquierda cede terreno en el continente es incontestable. Y no lo hace por la inferioridad moral de sus argumentos frente a una derecha disfrazada de cambio y reformas, porque esta derecha no va a aportar nada novedoso a los grandes retos que tiene sobre la mesa el continente como la seguridad, la política exterior, la globalización económica o la inmigración.
Lo hace porque ha asumido un discurso en el que banaliza el papel del estado como gran factótum que dilapida los bolsillos de una ciudadanía que no recibe a cambio unos servicios públicos de calidad. Lo hace porque atribuye a la izquierda un afán igualitarista por el que esta corriente ideológica se ha conformado con la universalización de unos servicios como educación, sanidad, o prestaciones sociales que colmaron los anhelos de una generación surgida de las cenizas de la segunda guerra mundial. Ahora, los hijos de esa generación ya no conceden el mismo valor a estos logros que se identifican con el laconismo del estado de bienestar.
Sea como fuere, la izquierda europea vive un momento de crisis que se evidencia en la forma en que se encajan las derrotas y en la excepcionalidad de la victoria en las urnas.
Llega el momento de plantear la renovación de una izquierda europea que ya no se defina por oposición a los grandes dogmas de la derecha, léase el antiamericanismo, la desconfianza hacia el sector privado o la aversión a una globalización económica imparable por muchos parches que se quieran poner.
Sólo entonces caerán los dogmas de la nueva derecha, la que pregona el liberalismo económico pero que practica el proteccionismo del que, estoy seguro, Sarkozy dará testimonio a las primeras de cambio.
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7 comentarios:
Desde luego, no tengo los conocimientos históricos ni geopolíticos necesarios para ahondar en la cuestión que planteas, pero me atreveré a hacer una valoración desde un punto de visto más de "a pie de calle", quizá con un puntito de psicología y sociología.
Como bien dices, "ahora, los hijos de esa generación ya no conceden el mismo valor a estos logros (los de la izquierda)...". La mejoría de la situación económica de los ciudadanos europeos, en estas últimas décadas, es indudable. Atrás quedaron las viejas guerras que llenaron de sangre buena parte de Europa. Esto unido a la capa de olvido que tiñe el esfuerzo de hombres y mujeres que en el pasado lucharon por conseguir los derechos de los que hoy disfrutamos, crea un caldo de cultivo nada propicio para la izquierda. Pero ésta pátina de olvido oxidado creo que no es fruto de la casualidad, yo creo que el individuo está fuertemente influenciado o dirigido por los medios de comunicación, controlados a su vez por los que siempre han tenido el poder, y un pueblo sin pasado es un pueblo ignorante.
En nuestra sociedad sólo hay un Dios Único: El Dinero. Creo que el materialismo que vivimos hoy día, aniquila en parte otras ambiciones del hombre, por buenas que pudiesen ser incluso para él mismo. A la gente le va bien trabajando mucho, para poderse permitir tener algún capricho material y disfrutar de 20 días de vacaciones al año. La gente no tenemos más ambiciones, nos ha ahogado la comodidad. Y la izquierda es víctima especial de esta situación, que ya ni sabe ni quiere preocuparse más de lo necesario por los intereses de los demás. Verdaderas izquierdas hoy día, me parece que ocurre como con La Iglesia católica, hay mucho creyente, pero poco practicante.
En la sociedad que preconiza una forma de vivir que se centra en el individuo, no hay demasiado para las utopías, ni para pensar en los demás.
Para mí, está claro que el discurso de la izquierda tiene que cambiar porque la situación actual no es la de hace décadas. Pero la bonanza en la que vive la clase media y su actitud, me hacen ser poco optimista.
¿Y acaso el socialismo no es materialista? cualquiera que haya leido a Marx lo sabe.
Lo que pasa es que la izquierda tradicional no tiene sitio en el mundo actual, por qué, porque la gente no está dispuesta a que su vida sea dirigida desde ninguna oficina del partido, ni desde ningún ministerio, quiere dirigir su propia vida, y eso a la izquierda no le gusta.
Encantado de encontrar a alguien que escribe, después de tanto tiempo.
No creo que sea el momento de teorizar sobre Marx (sí, soy de izquierdas y no reverencio ni su figura ni su obra, fíjate por donde).
Pero a la vista de los sucesos recientes (intervención de la reserva federal al rescate de gigantes de la banca y los seguros), más de uno empezará a plantearse si los liberales -esos que sí tienen sitio en el mundo actual- siguen pregonando la no intervencion del estado con una mano y lloran desconsoladamente para que papá estado los rescate. Que paradojas. Reniegan del estado porque interviene en el mercado cuando nos toca repartir dividendos, y nos echamos en sus brazos para socializar las pérdidas y nos "rescate" la Reserva Federal. O sea, el ciudadano. Y luego nos acordamos de Hayek.
¿Quién ha dicho que los empresarios sean liberales?, ¿tú crees que Paco el Pocero sabe quién es Hayek?.
¿Paco el Pocero se ha hecho rico con el liberalismo o conchabando con políticos?.
Eso digo yo, quien lo dice? Me parece que el único que ha hecho una mención a a los empresarios eres tú; no te inventes las cosas. Además no viene muy a cuento que digamos, aunque si se trata de meter una mención del pocero (???)con calzador... pues vale. Tu mismo.
Bah, te quedas en los detalles, el ejemplo va de lo siguiente, actualmente en Occidente no hay lo que se llama liberalismo, sino un capitalismo de Estado, esas entidades de préstamos se hicieron ricas gracias a su conchabeo con los bancos centrales, (entidades públicas controlados por los distintos gobiernos). Este conchabeo es el que ha propiciado la crisis.
Por lo tanto no es cierto que renienguen del estado cuando ganan y luego acudan al estado para salvarles.
Bueno, ya que me quedo en los detalles, y aprovechando los enlaces que gentilmente pones a nuestra disposición en el universo wikipedia, te diré que si la alternativa al capitalismo de estado -imperante en nuestros días y culpable del desastre económico- es la economía social de mercado, te convendría recordar lo cerca que estaban las teorías de Adenauer y Erhard del modelo keynesiano socialdemócrata. De todos modos, y como no es cuestión de entablar aquí un debate profundo de economía política, te recordaré que quienes preconizan con más fuerza el rechazo a este "capitalismo de estado" al que se echa mano en momentos de zozobra del modelo, son los colegas de la escuela austríaca; ya sabes, no muy amigos de la economía social de mercado.
En todo caso, y buscando la simplicidad, que diría Marco Aurelio, a mí me parece que lo que en realidad está ocurriendo es mucho más sencillo: hay que recular para buscar culpables, y la mejor forma es diciendo (oh sorpresa, inocentes de nosotros) que en realidad vivíamos bajo el estatismo marxista; capitalismo de ESTADO.
joer, medio siglo bajo la hoz y el martillo estatista y nosotros sin saberlo...
Hasta pronto
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