jueves, 13 de marzo de 2008

9-M: PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA


Mucho se está escribiendo sobre el resultado electoral del pasado domingo. Que si el PP no ha perdido las elecciones, sino que ha obtenido un magnífico resultado, que si Zapatero se ha beneficiado del voto radical, que si el bipartidismo ha laminado las opciones de fuerzas como IU, etc.

Lo cierto es que, por mucho que se empeñe, mal haría el PP en vender el resultado como una victoria. Como todo en la vida, lo negro y lo blanco se atenúa en una escala de grises que abarca todo ese espectro. Pero lo cierto es que Mariano Rajoy ha perdido sus segundos comicios, viniendo como venía de una mayoría absoluta hasta 2004. No sirven más elipsis para justificar triunfos parciales, ni infravalorar las victorias ajenas. Mal camino emprenden quienes tengan la tentación de buscar en el supuesto voto radical, un alegato que desvirtúe o deslegitime un triunfo electoral socialista por casi un millón de votos de diferencia, que no son pocos. Se puede analizar el trasvase de voto, el beneficio que ha obtenido el PSC en Cataluña o País Vasco a costa de otras fuerzas, o la movilización de la izquierda a favor de Zapatero. Pero mucho cuidado con las tentaciones de derivar este axioma a una deslegitimación del resultado, porque esa receta ya la han aplicado otros en esta legislatura con pobre bagaje, por cierto.

Del mismo modo, el PSOE tiene que hacer una reflexión profunda sobre sus resultados en otros lugares, incluida Castilla-La Mancha. Lo cierto es que el mensaje catastrofista sobre la ruptura, la persecución del castellano en Cataluña o la supuesta rendición a la banda terrorista ETA ha pasado factura electoral en otras regiones en las que no sólo no se ha avanzado, sino que se ha retrocedido, aun a costa de que ello haya restado apoyos al PP en otras regiones.

En todo caso, lo que más preocupación debe despertar en el centro-izquierda español es la probada fidelidad del votante popular, hagan lo que hagan sus dirigentes. Desde 1996, el PP se mueve en horquillas muy reducidas, mientras el PSOE está sometido a una mayor oscilación de voto.

Con todo, estos cuatro años serán recordados por la crispación y el enfrentamiento agrio de los principales partidos en temas de estado. No tengo la más mínima intención en orientar al PP sobre lo que debe hacer en determinadas cuestiones. Pero probablemente haría bien Rajoy en buscar consensos sobre temas de estado como justicia, política exterior o política antiterrorista. Si no por él, por el bien de España. Sería consecuente con su política de comunicación de final de campaña, en la que la economía se ha convertido en el eje de su discurso, relegando el resto de áreas por cuya labor de oposición furibunda se le recordará en estos cuatro años. Y haría bien en dejar de alentar una fobia anticatalana que, a la vista de los resultados, a quien más daña es a él mismo. Por que, de ser ciertas las supuestas persecuciones al castellano en Cataluña, lo normal es que hubiera capitalizado el voto de los dos millones de andaluces, castellanos o extemeños que viven allí y se declaran castellano parlantes. De ser así, el PP habría obtenido algo más que seis magros diputados que consolidan su desastre en una región en la que viven el 18% de los españoles.

Por cierto. Al hilo de las tentaciones de algunos de considerar el incremento de voto del PSOE como voto procedente de radicales, sólo haré una reflexión.


Si en Europa existen votos de radicales de extrema derecha que obtienen reiteradamente un apoyo importante del electorado (10, 15 o 20 por ciento), cabe presuponer que también en España existe un porcentaje de votantes de extrema derecha, difícilmente cuantificable, por cuanto que no existe ningún Frente Nacional como en Francia, ni ningún FPO como en Austria que capitalice ese voto.

¿Dónde está ese voto radical -que indudablemente existe- de extrema derecha en España?. Quizá aquí no haga falta un trasvase de votos de la extrema derecha al supuesto centro-derecha español, sencillamente porque se han sentido bien representados por algunos de sus líderes en los últimos tiempos. Pregúntenles por Cañete.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Jesús,

Me he quedado muy sorprendida al leer tus opiniones. ¿Qué te ha parecido el discurso de Zapatero para su investidura?

Saludos,

Maribel Julià Perea