jueves, 21 de junio de 2007

LA LECCION FRANCESA O COMO RENOVAR LA IZQUIERDA EUROPEA

Los últimos resultados electorales de las legislativas francesas ofrecen múltiples lecturas. Como siempre, dependiendo de la posición del narrador, se pueden extraer conclusiones antagónicas y hacer análisis interesados. A mí, lo que me pide el cuerpo es huir de esa suerte de triunfalismo apoyado en la dulce derrota del 17 de junio, con un incremento de diputados del Partido Socialista en la Asamblea Nacional, y hacer una reflexión crítica de lo que está pasando no sólo en Francia, sino en el resto del continente.

Negar la evidencia de que existe un sonoro retroceso de la izquierda en el continente europeo es, aparte de una insensatez, una estupidez, porque contribuiría a mantener un status quo por el cual la socialdemocracia europea tiene que acostumbrarse a una dinámica de derrotas frente a la excepción de la victoria, más por deméritos de la derecha (Berlusconi en Italia) que por méritos propios. Lo cierto es que este análisis, que de cuando en cuando aflora en la ciencia política de la que lleva nutriéndose la izquierda continental durante cinco décadas, es más necesario que nunca a la vista de la deriva global.

En 1969, Richard Nixon, asolado por las protestas masivas de los campus universitarios contra su política de bombardeos masivos con napalm en Vietnam del Norte, se dirigió a la nación en un discurso que ha hecho historia, el de “la gran mayoría silenciosa”. Pretendía llamar la atención de una clase media temerosa de la deriva radical que escenificaba la izquierda estudiantil al calor de los efluvios del mayo francés, y que enarbolaba la bandera contra la guerra socavando valores hasta entonces sagrados para el norteamericano medio. Con aquélla apelación a la nutrida clase media norteamericana, Nixon se ganó la confianza ciudadana que ratificó con su triunfo electoral del 72, con uno de los márgenes más amplios de la historia, al vencer al demócrata Mc Govern por casi 20 puntos.

Sarkozy, que ha empleado con insistencia la estrategia de la desmitificación de grandes baluartes de la tradición republicana francesa, se siente alumno aventajado de la nueva derecha europea, la que pregona sin complejos la superación del debate ideológico frente a una izquierda a la que tilda, ironías del destino, de conservadora e inmovilista.

Se produce así una involución en los papeles que tradicionalmente se han asociado a izquierda y derecha, roles que han definido a las dos grandes corrientes de pensamiento ideológico que alimentan un sistema parlamentario lleno de contradicciones. Si Churchill ya se refirió a la democracia como el menos malo de los sistemas políticos, bien podría decirse que el paso del tiempo y la consolidación del mismo parece pasar la factura del desgaste a una izquierda que empieza a acostumbrarse a la derrota en el continente.

Porque Francia es sólo uno de los paradigmas. Antes, Cavaco ganó la presidencia de la República en Portugal, los laboristas retroceden según todos los indicios en Gran Bretaña, Merkel se consolida con los cristianodemócratas en Alemania y en toda Europa Oriental, quizá por la cercanía histórica del mausoleo comunista, la derecha más o menos nacionalista copa casi todo el poder, con Polonia y los gemelos Kaczinsky, como primer baluarte de la reacción conservadora y católica hasta un integrismo que lleva a reivindicar al susodicho la presencia de Dios en el texto constitucional europeo. Hasta en los países nórdicos, la cuna de la socialdemocracia moderna y admirada, la izquierda cede terreno en Suecia, Dinamarca y Noruega.

La evidencia de que la izquierda cede terreno en el continente es incontestable. Y no lo hace por la inferioridad moral de sus argumentos frente a una derecha disfrazada de cambio y reformas, porque esta derecha no va a aportar nada novedoso a los grandes retos que tiene sobre la mesa el continente como la seguridad, la política exterior, la globalización económica o la inmigración.
Lo hace porque ha asumido un discurso en el que banaliza el papel del estado como gran factótum que dilapida los bolsillos de una ciudadanía que no recibe a cambio unos servicios públicos de calidad. Lo hace porque atribuye a la izquierda un afán igualitarista por el que esta corriente ideológica se ha conformado con la universalización de unos servicios como educación, sanidad, o prestaciones sociales que colmaron los anhelos de una generación surgida de las cenizas de la segunda guerra mundial. Ahora, los hijos de esa generación ya no conceden el mismo valor a estos logros que se identifican con el laconismo del estado de bienestar.

Sea como fuere, la izquierda europea vive un momento de crisis que se evidencia en la forma en que se encajan las derrotas y en la excepcionalidad de la victoria en las urnas.

Llega el momento de plantear la renovación de una izquierda europea que ya no se defina por oposición a los grandes dogmas de la derecha, léase el antiamericanismo, la desconfianza hacia el sector privado o la aversión a una globalización económica imparable por muchos parches que se quieran poner.

Sólo entonces caerán los dogmas de la nueva derecha, la que pregona el liberalismo económico pero que practica el proteccionismo del que, estoy seguro, Sarkozy dará testimonio a las primeras de cambio.

viernes, 4 de mayo de 2007

LAS OCURRENCIAS DE AZNAR

Desde hace un tiempo la derecha española intenta rearmarse ideológicamente con un catálogo de presuntos nuevos principios orientadores de su pensamiento político. La idea que lleva tiempo rondando a los estrategas del ideario conservador español es la de asimilar parte de los postulados puestos en práctica al otro lado del Atlántico por la administración republicana de Bush. Y, sin duda alguna, en el nuevo discurso que han ido articulando los conservadores españoles en los últimos años, ocupa un papel central el llamado conservadurismo compasivo, importado directamente desde la Casa Blanca y que tiene en la exaltación del nuevo liberalismo su componente fundamental.
La confrontación entre quienes sostienen esta vieja doctrina, disfrazada de novedoso arsenal de la nueva derecha contra la hegemonía del pensamiento socialdemócrata y su – para ellos- insidiosa cultura de la subvención, la restricción de libertades individuales y el excesivo peso del estado y lo público, centra buena parte del argumentario que ha ido construyendo el Partido Popular en los últimos años, sobretodo merced al liderazgo cada vez más evidente de líderes como Esperanza Aguirre.
La nueva derecha española está superando el viejo debate entre democristianos y conservadores, al que quedó arrinconada en el contexto europeo de finales de siglo, para capitalizar el concepto de libertad individual y personal frente a la pretensión de la vieja izquierda, para ellos estatalista, intervencionista y restrictiva hacia las libertades individuales.
Sin embargo, el gran problema del Partido Popular es la incoherencia en que permanentemente incurre a la hora de intentar plasmar en los grandes temas, el fruto de este nuevo planteamiento ideológico. Se queda en la anécdota, porque sabe que una postura liberal maximalista en los grandes asuntos, le llevaría al desastre más absoluto. En esa clave hay que interpretar las últimas palabras de José María Aznar, cuando refiriéndose a las campañas de la DGT sobre prevención de consumo del alcohol o limitación de la velocidad en las carreteras, apela a la libertad individual como único límite frente a la, según su idea, abusiva intromisión del estado en el ámbito individual.

Al margen de la barbaridad que en sí misma supone que un presidente del Gobierno se cargue dos décadas de política de prevención del consumo del alcohol en las carreteras, lo insólito del caso es que pretenda el susodicho, a partir de esta simpática ocurrencia, hacer un tratado de filosofía política que desemboque directamente en un panegírico ideológico a favor del liberalismo como nuevo sustrato ideológico de esta derecha definida como el baluarte de la libertad frente al socialismo integrador, inhibidor de la libertad individual y que recorta derechos al tiempo que expropia salarios para mantener un estado del bienestar que cercena la oportunidad del sector privado de hacer negocio en materias como la sanidad o la educación.

Y, si grave es que un ex presidente del Gobierno pretenda fundamentar un nuevo pensamiento político a partir de una estúpida discusión para calentar oidos agradecidos en torno a la suspensión de la famosa Ley del Vino, más triste es que una parte del coro mediático de esta nueva vieja derecha, se lance al unísono en la defensa de un líder al que aclaman por la valentía de posicionarse contra el pensamiento único y lo políticamente correcto y eso aun a sabiendas de que lo dicho es de una estupidez palmaria.

Si esto es así, si Aznar encarna eso, siendo como es Presidente del PP, me pregunto si el señor Rajoy promoverá en su programa electoral el fin de una política de prevención de la siniestralidad en las carreteras españolas que se inició hace muchos años y que siempre ha contado con el consenso básico de todos los gobiernos, incluido el del señor Aznar. En los últimos diez años, cerca de 40.000 personas se han dejado la vida en las carreteras. En más de un 30%, el alcohol estaba presente como causa, detonante o agravante.

Pobre de mí, progre insensato y reduccionista, que recurro a la demagogia para acusar a un ex presidente sabio y valiente, tan valiente como para abominar del pensamiento políticamente correcto imperante en esta sociedad en la que, hasta el PP, se tiene que tragar sus miserias y delirios liberales, y votar a favor del Sistema Nacional de Dependencia, el cuarto pilar de un estado del bienestar, materia en la que la nueva derecha bien podría haber puesto en práctica su nueva doctrina política, si hubiera tenido arrestos para hacerlo. Lástima que dejen ese triste honor a Aznar y a sus ocurrencias sobre la libertad para tomarse cuatro o cinco copas de vino antes de ponerse al volante, poner el coche a 180 o tomarse a cachondeo los esfuerzos de la DGT para acabar con una sangría intolerable en las carreteras españolas.
¿Se imaginan que en estos diez años esos 40.000 españoles hubieran muerto a causa del terrorismo?

miércoles, 7 de marzo de 2007

EXILIO INTERIOR DE UN MAL CIUDADANO, DE UN MAL ESPAÑOL

Hay quien a fuerza de abusar de las palabras las vacía de su verdadero contenido, de su auténtico significado. Hay quien a fuerza de identificar a unos con ciertos valores y postulados, atribuye indirectamente a los otros, a los adversarios convertidos en enemigos, en seres carentes de encontrar cobijo bajo el paraguas de términos tales como dignidad, justicia, libertad… memoria.
Son los cuatro conceptos bajo los que se ampara convocatoria de la manifestación del próximo 10 de marzo en Madrid, convocada, esta sí, por el Partido Popular en protesta por la dichosa excarcelación del asesino de Juana. Son cuatro conceptos que, en sí mismos, nadie puede entender ajenos a unas pautas de comportamiento lógicas en una convivencia sana y democrática.
El problema surge cuando el señor Rajoy pretende movilizar a la sociedad sobre el axioma de considerar a quien no esté con él el día en 10 en un indigno, inmoral, esbirro y olvidadizo mentecato, en contraposición a las virtudes aplicables a quienes sí comparten postulados con el PP. Si además, la convocatoria se adereza con un llamamiento a la “gente decente”, a la “gente con sentido común”, a los “ciudadanos de bien”, que tan profusamente emplea Mariano Rajoy, el círculo se cierra otorgando a quienes no compartan pancarta con la derecha española calificativos como indecentes, insensatos y malos ciudadanos.

Planeando sobre la composición pictórica, una escenificación barroca de simbolismos visuales, gestuales y sonoros, en forma de banderas de España, violencia verbal contra el Barrabás leonés y, cerrando el acto, el himno nacional.

De esta forma, si es usted de izquierdas, siéntase acomplejado por apoyar a un gobierno que cumple las resoluciones judiciales, incluso cuando son duras y se toman con pleno conocimiento de la dureza con que serán encajadas. Siéntase indigno y enemigo de la libertad por no comulgar con quienes griten “Zapatero al hoyo con tu abuelo”. Y por último siéntase un apátrida cuando no sienta lo que ellos sienten cuando escuchan la palabra España, usan y abusan de la bandera nacional o tarareen con aire futbolero el himno nacional. Es usted un enemigo de la Nación Española, en la forma única y unívoca en que ellos la entienden. Es usted un cobarde por no compartir con ellos, valientes patriotas, la primera línea de la trinchera en la defensa contra el terrorismo. Es usted un extranjero en su propia tierra.
Y cuando se quiera dar cuenta, le habrán tachado, de cobarde, de indigno, de indecente y, como hace medio siglo, de antiespañol. Emprenda el camino del exilio interior para reencontrarse con su yo enfermizo, el de la cesión ante los terroristas, es más, el que le convierte en cómplice de los etarras. Incluso si su gobierno no es responsable de haberle dado a De Juana el premio de la redención de 6 meses de prisión por haber hecho un curso de Redacción y Arte de escribir, otorgado por quien mañana pedirá su reingreso en una cárcel para cumplir los mismos 6 meses de pena que el susodicho líder, entonces ministro, redimió tan generosamente de su puño y letra en 2001.
Sobran las palabras. No se esfuerce en explicarse. Es usted un ciudadano indigno e indecente. Un mal ciudadano. Y un mal español.

lunes, 5 de marzo de 2007

LA LISTA DE LA MEMORIA INCÓMODA

Los siguientes nombres corresponden a presos etarras excarcelados durante los gobiernos de José María Aznar, entre 1996 y 2004. En primer término los años de condena, entre paréntesis la fecha de ingreso y salida de prisión y por último el nombre del ministro del interior responsable de la excarcelación.

José Ramón Artola Santiesteban, 327 años (02/09/86-04/08/02), excarcelado por Acebes; Enrique Letona Viteri, 311 años (09/10/80-14/05/03), excarcelado por Acebes; Juan José Larrinaga Echevarría, 211 años (28/11/80-14/05/03), excarcelado por Mayor Oreja; Jaime Rementería Beotegui, 220 años (11/08/83-08/01/04), excarcelado por Acebes; Francisco Esquisabel Echevarría, 180 años (1310/80-17/08/02), excarcelado por Acebes; Jon J. Ugarte Zincunegui, 174 años (19/06/87-03/0703), excarcelado por Acebes; Juan Carlos Echeandea Zorroza, 172 años (26/05/83-06/07/01), excarcelado por Rajoy; Luis María Oteagui Arezabala, 162 años (28/04/87-20/06/03), excarcelado por Acebes; Fidel González García, 160 años (1905/81-05/09/ 00), excarcelado por Mayor Oreja; Ernesto Alberdi Olano, 136 años (28/11/80-15/09/01), excarcelado por Rajoy; Félix Begoa Unzurrunzaga, 134 años (14/11/80-21/10/99), excarcelado por Mayor Oreja; José Ángel Aguirre Aguirre, 133 años (28/10/85-26/05/03), excarcelado por Acebes; Fermín Ancizar Tellechea, 126 años (19/05/81-23/07/01), excarcelado por Acebes; Francisco Cabello Pérez, 120 años (05/11/86-12/02/03), excarcelado por Acebes; Carlos Recio Gutiérrez, 114 años (25/02/82-06/03/00), excarcelado por Mayor Oreja; Juan Nazabal Auzmendi, 106 años (03/10/79-20/04/98), excarcelado por Mayor Oreja; Itziar Galardi Sagardía, 101 años (01/03/82-21/02/02), excarcelada por Rajoy; Juan María Anza Ortúñez, 101 años (20/02/82-18/10/02), excarcelado por Acebes; Fidel Largacha Arce, 99 años (25/02/82-12/06/99), excarcelado por Mayor Oreja; Fernado Iraculis Albizu, 99 años (30/03/82-27/11/02), excarcelado por Acebes; Eugenio Irastorza Fernández, 96 años (28/02/80-09/09/03), excarcelado por Acebes; José Antonio Echevarri Ayesta, 94 años (09/07/80-18/01/02), excarcelado por Rajoy; Jesús Jiménez Zurbano, 94 años (22/11/88-31/05/03), excarcelado por Acebes; Ángel Zabaleta Mendía, 94 años (13/06/89-08/03/04), excarcelado por Acebes; Jesús María Ormaechea Antepara, 88 años (08/05/84-24/01/03), excarcelado por Acebes; Agustín Muiños Díaz, 88 años (16/05/84-25/02/02), excarcelado por Rajoy; Manuel Estolaza Alcocer, 85 años (05/02/81-07/07/99), excarcelado por Mayor Oreja; José A. Pagola Cortajarena, 78 años (27/06/84-17/10/03), excarcelado por Acebes; Ricardo Garciandia Solano, 73 años (29/10/81-23/11/99), excarcelado por Mayor Oreja; Pedro Juan Guridi Arocena, 68 años (14/11/80-11/04/01), excarcelado por Rajoy; Miguel Alberdi Zubizarreta, 68 años 06/12/84-14/11/ 01), excarcelado por Rajoy; Salvador Areizaga Arozamena, 67 años (17/11/81-12/12/02), excarcelado por Acebes; José R. Zabaleta Garmendia, 66 años (12/12/84-07/02/03), excarcelado por Acebes; Gloria María Recarte Gutiérrez, 65 años (29/10/81-24/11/00), excarcelada por Mayor Oreja; Sebastián Gonzalo Pajares Arana, 65 años (25/02/82-19/11/99) excarcelado por Mayor Oreja; Jon I. Jaio Bustinduy, 64 años (09/06/85-11/09/03), excarcelado por Acebes; Juan Manuel González Merino, 63 años (20/06/84-04/03/00), excarcelado por Mayor Oreja; José Luis Merino Quijano, 57 años (28/03/84-27/09/01), excarcelado por Rajoy; Coro Eguibar Michelena, 53 años (20/02/82-05/08/00), excarcelada por Mayor Oreja; Iñaki Bilbao Goicoechea, 52 años (06/07/83-28/09/00), excarcelado por Mayor Oreja; y así sucesivamente hasta sumar 62 excarcelados que tenían penas acumuladas de 30 años y cumplieron bastantes menos de 20.

jueves, 15 de febrero de 2007

POR LOS CAMPOS DE LA BATALLA DEL EBRO

Creo que mi afición por la historia arranca de la pasión primaria por tocar, por sentir el hálito intangible de gentes que vivieron en un pasado más o menos lejano e impregnaron con su presencia lugares y estancias. Cuando visito una catedral o las ruinas de un castillo, o los vestigios dejados en un campo de batalla, aflora en mí el impulso por acariciar la piedra desnuda o respirar el aire que recorre el campo abierto en el que se tiene la certeza de la lucha encarnizada en algún momento del pasado. Si uno se abandona a la imaginación, puede escuchar el desvencijado chirriar de carromatos atravesando la toledana puerta de la Bisagra entre una pléyade de mercaderes, prelados y hombres de armas, o sentir el estruendo de las armas en la playa de Omaha, en Normandía, cuando los barcos que transportan a miles de soldados temerosos presienten su encuentro con una muerte de la que son terriblemente conscientes.

Pero sin duda alguna, el lugar que más me ha impresionado es el que tuvo por escenario la batalla del Ebro, en la guerra civil española. Fue en las vísperas de aquel sangriento combate cuando Manuel Azaña pronunciara aquel famoso discurso reivindicando paz, piedad y perdón para quienes tuvieran que vivir sobre las cenizas y las tumbas de tantos muertos diseminados por aquél camposanto llamado España.

La Terra Alta, así se llama la comarca en que tuvo lugar la célebre batalla, se asienta en el cruce fronterizo de la baja Cataluña, la agreste comarca castellonense de Les Ports y las estribaciones turolenses de las sierras de Beceite. Ese carácter fronterizo y de tierra de paso queda acentuado por una geografía repleta de quiebros montañosos que delimitan el gran meandro que traza el Ebro antes de buscar la llanura que propicia su desembocadura en el Delta de los arrozales y las tierras arenosas de Tarragona.
Fue allí donde se desarrolló la batalla que, por muchas razones, marca el epílogo de la guerra civil. El canto del cisne de un ejército popular que renace fugazmente de las cenizas en que las tropas sublevadas creían sumida a la República después de partir en dos su territorio, aislar Cataluña y pregonar el final de la guerra en aquél verano del 38. La última y más dura confrontación entre dos bandos condenados a luchar por las alturas de las sierras de Cavalls, Pandols, La Fatarella y Lavall, siempre con Gandesa como eje de una pugna mastodóntica entre lo mejor de los dos contendientes.

Si alguien tiene la tentación de recorrer aquellos campos de batalla, siempre recomendaré hacerlo de la mano de Jorge Reverte y su “Batalla del Ebro” (ed. Crítica, 2003). Transitar los escenarios de la batalla es volver a un pasado reciente marcado a fuego en las ruinas del “Poble Vell” de Corbera, tan devastado que sus vecinos decidieron reconstruirlo al pie de su antigua ubicación, dejando con ello para la posteridad un conjunto ruinoso, sobrecogedor, elocuente de la tragedia.

Buscar las líneas defensivas es un trabajo arduo que puede requerir la ayuda de los lugareños, verdaderos testaferros de un legado que año a año sigue dejando testimonio a través del hallazgo de huesos que asoman de cuando en cuando por movimientos de tierras o trabajos agrícolas.
Más sencillo es encontrar los hitos que con posterioridad se han ido levantando, como el monumento a la “Quinta del biberón”, en lo alto de la cota 705, camino de la ermita de la Fontcalda y escenario de los choques entre las tropas de élite de ambos bandos, la 4 división de Navarra de los sublevados y la célebre 11 división de Líster. Así se conocía a los integrantes de la leva de 1941, los últimos combatientes de una República exhausta que se vio obligada a recomponer sus unidades con jóvenes de 17 años, soldados imberbes que quedaban bajo la tutela de los veteranos de tantas batallas y que terminaron por acaparar los elogios de rudos oficiales como Lister o Modesto, inicialmente desconfiados por la falta de experiencia de aquellos casi niños. Hoy son casi los últimos testigos de aquello.

Impresiona igualmente el via crucis levantado por los supervivientes del carlista Tercio de Montserrat, en homenaje a sus compañeros caídos frente a Villalba de Los Arcos, ante una posición republicana conocida como Punta Targa. El vía crucis termina al pie de aquella posición, finalmente batida por la artillería franquista, cansada de soportar la tenaz defensa de unos soldados republicanos que también merecen el homenaje de sus antiguos enemigos en forma de sencillo monumento a su valor y sacrificio.

Siempre planea en la batalla la sombra serpenteante del río Ebro, majestuoso a las espaldas de quienes se batían desesperadamente en los cerros tomados por los republicanos en los tres primeros días de su fugaz ofensiva y a los que el ejército franquista tardaría tres meses en desalojar de allí.

El río serpentea en silencio, como haciéndose eco de las palabras de Azaña. Los muertos, hombres que respiraron su último aliento en aquélla tierra extraña para la mayoría de ellos, pululan por las sierras negruzcas, secas, amenazantes en la noche que hace 70 años se iluminaba por el resplandor de los obuses y las bombas que modularon el paisaje hasta acabar con todo signo de vida en lo alto de los cerros que delimitan la orilla sur de la curva del Ebro, el último quiebro del gran río ibérico en su camino a la paz del Mediterráneo.

miércoles, 14 de febrero de 2007

1936-2007

Setenta y un años separan ambas fechas. Siete décadas en las que este desdichado país ha sufrido una guerra civil, una dictadura, un intento de golpe de estado y apenas un cuarto de siglo de democracia permanentemente asolada por el terrorismo de ETA, de grupos de extrema derecha y extrema izquierda durante la transición y, más recientemente, aunque algunos mantengan contra viento y marea una opinión contraria, por el terrorismo del islamismo radical.

Poco más de un cuarto de siglo de vigencia de las instituciones democráticas en este país suponen apenas un suspiro en la historia. Un breve preludio de libertad en medio de generaciones enfrentadas atávicamente por las armas y el odio mal disimulado de quienes siguen pensando en la forma en que tu abuelo mató al mío en la guerra.

Pese al título que encabeza este conjunto de reflexiones, no está en mi ánimo establecer una comparación entre las fechas de 1936 y 2007. No persigo la búsqueda y la identificación de síntomas comunes que preludien un desenlace similar al que se produjo con el sangriento enfrentamiento civil entre españoles. Más bien pretendo llamar la atención sobre lo contrario, sobre el indisimulado afán de algunos predicadores del Apocalipsis ibérico por revivir el clima de enfrentamiento y tragedia que terminó con la orgía de sangre de aquellos años que finiquitaban la década de los 30.

Cito nombres, de sobra conocidos para quienes se desayunen cada mañana con el hálito infame de quienes mancillan la palabra libertad intentando quedar bajo su exclusivo amparo a partir de postulados económicos que nada tienen que ver con la forma en que los hombres se sienten libres en la sociedad en que viven.

Pío Moa, sin duda merece ser citado de manera preeminente. Sin valorar méritos académicos ni caer en la crítica fácil sobre los orígenes más o menos oscuros del personaje, la decidida labor de este apóstol del revisionismo histórico marca un antes y un después en la historiografía española de la guerra civil. No es que el sujeto cuestione verdades admitidas por una historigrafía científica, racional y ampliamente respaldada por las fuentes consultadas. La principal hazaña de este terrorista arrepentido es devolvernos al clima prebélico del 36 inspirando a quienes el pasado 3 de febrero corearon con orgullo y aplomo aquello de “Zapatero, al hoyo con tu abuelo”. Como bien se conoce, el abuelo del presidente del Gobierno fue fusilado en 1936 por sus compañeros de armas, acusado de cometer el infame delito de no rebelarse contra un gobierno legítimo al que había jurado lealtad, comprometiendo en ello su honor. Más tarde, el franquismo teórico encontró perfecta justificación al golpe del 36 trasladando la culpa del desastre a otros artífices. Nuestros mayores todavía recordarán aquél “Rusia es culpable”, que sirvió de banderín de enganche para los voluntarios de la División Azul, que compartieron trinchera con las SS bajo el padrinazgo de Adolf Hitler. Luego asentaron lo que en derecho podría entenderse como una masiva reconvención, bajo la cual los reos de alzamiento y auxilio a la rebelión serían aquéllos que no apoyaron moral y físicamente el golpe del 18 de julio. De ese modo, la perversión del lenguaje puede amparar el golpismo y la traición.

Haciendo una breve abstracción, demos el salto en el tiempo y situémonos en octubre de 2006. De esa fecha es el siguiente texto publicado por el señor Moa:

“La actual situación política española puede definirse así: un proceso de destrucción de la Constitución, y con ella de la democracia y la unidad española, por la alianza entre terroristas, separatistas y un gobierno que, por ese mismo hecho, se convierte en golpista e ilegal.
Una sociedad moral y democráticamente sana repudiaría tal infamia. Pero en España, persiste una gran masa de población desorientada o claudicante. La causa está en el predominio de los medios de masas comprometidos de un modo u otro en el proceso golpista, y en la ausencia de una oposición medianamente seria. Por eso es la hora de los ciudadanos.
Cada demócrata español debe empeñarse con la máxima energía en contrarrestar el ataque de los liberticidas. El reto es difícil, pero respondiendo a él se fortalecerá la democracia española.
Nuestra tarea consiste en informar, organizar y movilizar a la masa sometida a la influencia de los medios pro golpistas. Una tarea difícil, pero no imposible. Cada ciudadano consciente debe aportar su esfuerzo y su iniciativa. Como otras veces en nuestra historia, así ocurrirá.”

Blog de Pío Moa, en Libertad Digital, octubre 2006

De tal forma que España está amenazada por un proyecto golpista, encarnado por un Presidente del Gobierno ilegítimo, amparado por medios de masas que adormecen a una sociedad insana. Así, concluye Moa, es preciso movilizar a la masa sometida, como otras veces se ha hecho en nuestra historia.

Este es el nuevo panegirista del revisionismo histórico de la guerra civil española. Este es el hombre que pretende reverdecer viejas proclamas, cuyo espíritu transita apaciblemente en la letra del “Cara al sol”, para apelar a las escuadras victoriosas que traigan un nuevo amanecer a España, como rezaba aquél himno.

Este es Pío Moa, el nuevo historiador oficial de una extrema derecha orgullosa de sus mitos y deseosa de buscar paralelismos que presagien una repetición de la historia más negra de España. La historia de la muerte y la violencia en bandos enfrentados que arrinconaron a la tercera España que fue, es y será posible si quienes tienen responsabilidad en ello, no jalean a los predicadores del odio.

Y de nada sirve la apelación a la movilización contra el revisionismo histórico supuestamente promovido por la Ley de la Memoria Histórica del gobierno socialista. Este país mantuvo durante medio siglo un silencio sepulcral en torno a los derrotados en aquella contienda fatídica. Nadie en su sano juicio puede censurar abiertamente una ley que pretende dar cobertura, por ejemplo, a los familiares que quieren dar digna sepultura a un antepasado reciente que quedó para siempre en la cuneta de una carretera, tras la tapia de un cementerio o en el fondo de un pozo. ¿quién puede sentirse ofendido porque un anciano quiera recuperar los restos de su padre? ¿quién puede encontrar abyectas tentaciones revisionistas en quien pide que se elimine del registro civil o del archivo de penados una condena a muerte ejecutada por auxilio a la rebelión o traición a la patria?.
Hay países que no están en paz con su pasado, que no han sellado la deuda moral contraída con su historia. Me temo que España es uno de ellos y lo seguirá siendo mientras la derecha vociferante y ramplona, aun travestida de supuesta pasión por la libertad, siga sojuzgando a la otra derecha posible, la europea, la que condena sin ambages en el Parlamento europeo una dictadura que nos sitúa en el mapa de la vergüenza de la segunda mitad del siglo XX.

En un universo nuevo

En un universo nuevo
Si todo funciona como es debido, este tendría que ser el primer comentario que apareciera publicado en mi blog. Y no creo que las primeras palabras que lanzo a este peculiar universo digital, deban tener un tono especialmente trascendental o protocolario. Nada más lejos de mi intención.
Si algo permite internet es la circulación libre de ideas e información a través de espacios invisibles que acercan a las personas y reducen las distancias físicas. Para ello, lo único necesario, además del pertinente ordenador y la no menos precisa conexión a la red de redes, lo fundamental es aportar información e ideas a este gran banco del conocimiento.
Reconozco que hasta hace bien poco he sido uno más de los usuarios pasivos de esta enorme bitácora de códigos binarios, sin reparar en que los artículos que leía, los textos que consultaba en la wikipedia o las páginas temáticas de historia, literatura, política o cine eran fruto del trabajo y el afán de compartir conocimientos de otros.
Creo que es el momento de cruzar la frontera y aportar algo a este universo, por inútil que a alguien le pueda parecer lo que uno puede ofrecer.
Ya he mencionado algunas de las materias que más me apasionan. No son númerus clausus, pero bien puedo afirmar que los comentarios, enlaces y qué se yo que otras utilidades pueda barruntar en este invento, irán encaminadas, mayoritariamente, a esas disciplinas.
Es tiempo de concluir esta nota introductoria. Quien se aventure por estos lares ya sabe sobre qué voy a hablar, cual es el afán que me impulsa... y poco más.