martes, 12 de mayo de 2009

ANTONIO VEGA

Esto me ha jodido mucho.
Pero no por ello os voy a castigar con un lapidario epitafio sobre la vida y obra de un genio de la música.
No merece la pena. A estas horas una legión de cronistas de lágrima póstuma están alzando el pedestal que coronarán con la figura frágil y enjuta de un ídolo más. A estas horas están buceando en rumores y leyendas de sus años de plomo, los primeros 90 en los que Antonio Vega se despeñaba por la oscuridad, y el deterioro físico empezaba a forjar su leyenda, como si quisiera dar la razón a los que le llamaron ese chico triste y solitario. Fue entonces cuando, lejos de Nacha Pop, inició una carrera en solitario llena de grandes creaciones, repletas de melancolía y sentimiento.

Hace unos meses pude verlo por última vez en concierto, en Toledo. Débil, pálido, encorvado sobre sí mismo y su guitarra, aferrándose a su música como un poeta guerrero, nunca derrotado pero tantas veces dado por muerto. Cuánto me alegro de haberlo visto por última vez
Queda su música. Menudo legado.

Os dejo con un clásico de Serrat con voz de Antonio Vega. Aparte de gran compositor y creador, era un gran intérprete, y esta es la prueba.

Ahora tú, no dejes de hablar.
Somos, coordenadas de un par.
Incógnita que aún falta por despejar.

jueves, 30 de abril de 2009

LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS

Una de libros para recuperar el tracto sucesivo que pretendía tener esta página y que he tenido que interrumpir durante bastante tiempo, mucho más del deseado.
Se llama “La soledad de los números primos”, una de esas sorpresas editoriales que de cuando en cuando aparecen de la nada para convertirse en referente de la actualidad narrativa.
Lo acabo de leer, y no me resisto a hablar de él, porque se trata de un magnífico ejemplo de narrativa contemporánea condensada en doscientas y pico páginas que se despachan con un interés que ya echaba en falta en lecturas recientes.

En un tiempo dominado por las tramas ahistóricas, la narrativa de suspense criptográfico o el manejo al antojo de las tramas conspiranoicas pseudobíblicas –cuánto daño ha hecho el Código da Vinci- la aparición de libros como este del que os hablo es toda una sorpresa. Mejor dicho. La sorpresa es que se conviertan en éxito editorial y sean carne de reedición, porque hay grandes títulos que pasan de largo por las estanterías de librerías y bibliotecas, ajenos a la suerte de que el establishment literario ose poner su atención en ellos.
Que no suene esta reflexión a desaire antisistema porque, como Umbral, he venido a hablar de mi libro. O del libro de Paolo Giordano. Mis disculpas, pero siento un ansia terrible por apropiarme de lo que ha escrito este chaval de 27 años.

La contraportada, excesivamente extensa para mi gusto, nos da la clave para identificar el título con el contenido. Ciertos números primos –aquéllos divisibles sólo por uno y por sí mismos- sólo están separados por un número entre ellos. Son los llamados primos gemelos. Es el caso del 17 y el 19, por ejemplo, sólo separados por un simple 18.

Con esta premisa matemática, el autor construye un relato basado en la afinidad de seres tan extraños, tan distintos, tan especiales como los números primos más cercanos entre sí, condenados a una cercanía próxima a otro igual a ellos pero sin que exista el roce de la proximidad inmediata. Sólo una pequeña distancia los separa.

Hay una extraña familiaridad en la narración. Mucha gente se sentirá identificada con unos personajes en los que la soledad encubre el tormento de ser diferente por lo que somos y por lo que hemos vivido.

Suenan los Cure, Pictures of you, y veo a Alice caída en la nieve, boca arriba, mientras Mattia se esfuerza en calcular la distancia a la que se encuentra la línea del horizonte por el grado de inclinación de los tejados que puede ver desde su ventana.

lunes, 16 de marzo de 2009

ESPAÑA MIRÁNDOSE AL OMBLIGO

A estas alturas ya saben de mi fascinación por la política exterior.

Siempre he sentido especial predilección por ese campo. En la facultad tuve la suerte de encontrarme con un gran profesor de derecho internacional, el catedrático Fernández Tomás, que aunaba esa perfecta combinación de sabiduría y pedagogía para explicar y –tan importante o más- saber explicar unos contenidos a los que nos acercábamos desde la ignorancia más absoluta en la materia.

El caso es que aquél catedrático nos animaba a seguir en periódicos e informativos de televisión cuantas noticias referidas a política exterior aparecieran. Se trataba de un apreciable volumen de información que podía resultar un útil material de apoyo en la asignatura y familiarizar a la concurrencia con términos como Naciones Unidas, OTAN, Unión Europea, convenciones internacionales, cumbres bilaterales, etc.

Creo que es por esta razón, por la que mantengo la costumbre de buscar la sección de internacional en la prensa escrita, por muy estridente que sea la noticia doméstica que el susodicho diario lleve a la portada, política por cierto, muy asentada en la prensa española que, a diferencia de los mejores periódicos europeos, casi siempre otorga más importancia a los asuntos patrios que a los internacionales. Y así nos luce.

Ejercicio práctico. Hoy, 16 de marzo de 2009. Primera página del diario El País. Nueve noticias en portada. Ocho de ellas hacen referencia a asuntos indubitadamente ibéricos, desde las elecciones vascas y sus consecuencias, hasta la trama de espionaje en la comunidad de Madrid. Y entre ellas, dos perlas:

- José Tomás triunfando en Valencia
- El Barça gana al Almería

Sobran las palabras.

Hay una noticia internacional, pero que por su evidente relación con la crisis económica, no deja de tener clara vinculación con preocupaciones de aquí, de casa.

Si vamos al diario El Mundo, en la edición de hoy 16 de marzo aparecen siete noticias en portada, todas tan españolas como la tapa y el carajillo. Ni una referencia exterior.

Uno puede pensar que en el mundo no ha pasado nada este fin de semana, nada al menos digno de ser mencionado en nuestros rotativos. Pero resulta que se ha producido un resultado electoral histórico en El Salvador -un país asolado por la guerra civil durante décadas- graves disturbios y protestas en Pakistán –país que pertenece al selecto club de poseedores de armas nucleares y clave en términos geopolíticos- ataques suicidas en Afganistán y muerte de varios soldados de la misión internacional en ese país (ISAF) en la que hay españoles presentes…

Por último, la noticia del temido acuerdo entre el Likud (una derecha muy ultra) e Israel Beitenou (una derecha más ultra todavía) para gobernar en Israel, con Netanyahu al frente del gobierno.
Malos tiempos se avecinan en Oriente Próximo. Ya lo advertíamos.


Así que, cuando dentro de unos días estalle la crisis humanitaria que arrojará en nuestra sobremesa imágenes de refugiados hambrientos, o veamos una escalada militar con consecuencias sobre el precio de nuestra gasolina, o sintamos el temor de un nuevo ataque terrorista del islamismo radical en aquélla capital europea en la que estuvimos haciendo turismo el verano pasado, asistiremos al repertorio de especiales y reportajes sobre lo que la actualidad nos ha arrojado a la mesa, con rictus de sorpresa cariacontecida en los televidentes ibéricos, absortos como estaban en la polémica de Rivera Ordóñez y la puñetera medalla, o la habilidad de Huntelaar para armar el disparo en tan poco espacio en el área rival en San Mamés.

Sobre todo aquello que, estando ante nuestras narices, no nos fue posible ver, por nuestra penosa tendencia a pensar que el mundo mas allá de los Pirineos, solo existe cuando hay Champions, Eurocopa, Mundial o la etapa reina del Tour.

sábado, 28 de febrero de 2009

MOTIVOS PARA LA ESPERANZA

Una vez más, mis disculpas por el retraso. No tengo demasiado tiempo, y cuando lo encuentro, el vértigo de la actualidad, que no espera a nadie, me supera y convierte en obsoleto un tema sobre el que me había propuesto escribir días antes.

Dado que ese no es el caso de la nueva administración Obama, la crisis económica y sus derivadas, aquí juego sobre seguro. Me temo, que aunque me retrase unos días en escribir esta reflexión, la situación seguirá siendo igual de preocupante.
Si les soy sincero, no creo que pueda aportar mucho desde aquí a la catarata de datos diarios, desde los más intrascendentes hasta los más apocalípticos, que cada mañana perturban nuestra conciencia. Pero en fin, algo aportaremos al hilo de las noticias que vienen del otro lado del Atlántico, del nuevo marchamo de la política norteamericana desde la toma de posesión del nuevo presidente.
Asumido que en la era de la globalización, cualquier catarro severo al otro lado del Atlántico tiene consecuencias dramáticas para la salud financiera de la depauperada Europa.
Los que seguís este rincón de elucubraciones varias, recordaréis un comentario anterior sobre el fenómeno Obama, sus consecuencias para el mundo y la rapidez con que los agoreros intentarían despertar a la ingenua izquierda europea de su particular luna de miel con los ciudadanos de las barras y estrellas, los que habían despertado del letargo de la era Bush para dar el giro insólito a lo que algunos consideran un exotismo de la historia.
Sigo manteniendo que la mejor receta contra la desesperanza, contra las previsibles ilusiones defraudadas, es mantener un juicio sereno sobre lo que es posible y no lo es en el contexto de la política norteamericana. Si se analiza la historia reciente de ese país, (y cuando digo reciente me extiendo hasta el fin de la segunda guerra mundial), nunca los demócratas se han encontrado una situación de partida tan compleja. Nunca habían tenido que heredar en la transición de poderes un desierto económico como el que la administración Bush le deja al nuevo presidente. Nada funciona. Ni el sistema bancario, que se desploma, ni la cobertura social, inexistente en el país, ni los resortes del país frente a las emergencias, ni las industrias estratégicas…. No es la primera vez que les ocurre, ciertamente. También les tocó bailar con la más fea después de la crisis económica del 29, con Roosvelt, o tras la salida de Vietnam, con Carter y que dejó a medio país metido en el diván.

En política exterior, rotos los consensos con medio mundo, el unilateralismo ha dado paso a la cultura de la tierra quemada en aras de la imposición de un conjunto de valores por la fuerza, de lo que la administración republicana ha entendido como los valores universales, como valores democráticos a imponer porque sí, y más si el enemigo tiene algún valor geoestratégico por sus recursos o por su posición en el tablero de los grandes estrategas.
Mucho empeño le va a tener que poner Obama a la situación para luchar contra quienes se van a sentir defraudados a las primeras de cambio.
En la misma toma de posesión del nuevo presidente, la derecha española empezó a inocular los anticuerpos de hiperrealidad, con vistas a refrenar la euforia de una izquierda demasiado entusiasta y crecida con el triunfo.
Para que quede claro.
Obama no es un presidente de izquierdas, al menos en el sentido europeo del término. No le pidan que asuma como propios valores como la extensión del derecho al aborto, la prohibición de la tenencia de armas, de la pena de muerte, de la extensión de la edad penal mínima a límites sensatos a nuestros ojos.

No le pidan que deje de invocar a Dios cada vez que tiene ante sí la oportunidad de transmitir un mensaje trascendental para sus ciudadanos, ni pretendan que interne en puertos de la costa este la media docena de portaaviones nucleares que orbitan por el planeta bajo bandera yanqui.
No esperen un compromiso inequívoco con el pueblo palestino, por justa que les parezca su causa, ni que corte de raíz cualquier alianza estratégica con el nuevo gobierno israelí de Netanyahu.
Por favor, quédense con sus gestos, con sus acciones en el marco de lo posible, de lo realizable para el gobierno de un país como Estados Unidos. Y ya se han dado los primeros gestos.
Es el primer presidente que menciona a los no creyentes en su discurso de toma de posesión.
Asume el cierre de Guantánamo como un imperativo moral, y con ello, por cierto, no debilita la posición de su país contra el terrorismo, sino que se rearma moralmente para combatir un mal mundial con las armas de la razón.
Embarca a su país en el mayor programa de desarrollo de energías renovables de su historia.
Plantea una fecha cierta para la retirada de Iraq.
Y por último, promueve un presupuesto histórico en términos de prioridad de gasto, combatiendo la pujanza neoliberal, imperante en la filosofía política más reciente desde los tiempos del binomio Thatcher-Reagan.
El tiempo dirá si las cosas resultan de acuerdo a los planes de una administración que se embarca con esta política económica en un déficit público histórico.

Hace un tiempo dijimos por estos lares que se abría un tiempo de esperanza ante el que nos sentíamos legítimamente esperanzados. Han pasado unas semanas. Sólo unas semanas. Y, honestamente, creo que hay razones para la esperanza.

Falta nos hace.
Post data. También hablamos por aquí en su día del discurso liberal del nuevo presidente francés, Sarkozy. De su apostolado liberal para reformar la sobreestatalizada economía francesa. ¿Se acuerdan? Quien le ha visto y quien le ve.

viernes, 6 de febrero de 2009

SIC SEMPER TYRANNIS

“Así siempre a los tiranos”.

Dicen que nunca lo dijo, que no se trata más que una versión romántica y apócrifa de las palabras que, supuestamente, le susurró Bruto a su padre adoptivo, Julio César, mientras le hundía una daga en el pecho.
Lo que sí es cierto es que el hombre que asesinó a Abraham Lincoln en 1865, un sureño resentido llamado John Wilkes Both le espetó ese latinajo al presidente, apenas unos días después de terminar la Guerra Civil Norteamericana, instantes antes de descerrajarle un tiro a bocajarro. Y que nosotros sepamos, a los ojos de la historia, nunca fue un tirano.

Es el ethos colectivo el que luego podrá definir quién era un tirano y quien no, con el correr de la historia. Quién comete un atentado terrorista al margen de toda legalidad y quién ejerce un acto de justicia, bajo el amparo de la pretensión de evitar males mayores posteriores con la pervivencia en el cargo del tirano.
Quiero compartir con vosotros unas reflexiones sobre el tema, aprovechando la versión cinematográfica del drama de Stauffenberg, el conspirador que más cerca estuvo de matar a Hitler, y que acaba de adaptar en una sobria película –Valkyria- un interesante director Bryan Singer ("Sospechosos habituales")

La película pone de actualidad un personaje secundario en el trágico drama europeo de 1944 y 1945, un oficial bávaro, católico, devoto padre y amante esposo; la perfecta encarnación del militar alemán de estirpe aristocrática, herido en el frente, que encabeza el complot para terminar con el tirano. Más allá del drama, de las expectativas de triunfo de un golpe destinado a descabezar el nazismo y buscar un final honroso para una guerra perdida, me atrae la versión contemporánea del hecho: matar al tirano.
El primer filósofo en predicar sobre el tiranicidio fue Tomás de Aquino, inaugurando un debate sobre el que luego volverán Locke, Jefferson o el pensador toledano Juan de Mariana.
No sé muy bien donde podemos trazar la barrera a partir de la cual el tiranicida comete un acto de justicia al matar al tirano. Y más aún en la inmediatez del momento, cuando la historia no ha trazado las líneas maestras del juicio al que sometemos el pasado, visto con la perspectiva de los años, donde es fácil deslindar quienes fueron los buenos y quienes fueron los malos. Vayamos al momento concreto. Stauffenberg decide matar al tirano que, ciertamente, lleva a Alemania al desastre. Pero es un tirano que alcanzó el poder desde la legalidad, en una democracia que, ciertamente, luego socava desde dentro. Nadie en su sano juicio puede considerar a Stauffenberg como un terrorista, sino como un héroe.
¿Comete un acto de terrorismo quien intenta matar al tirano?
En el complejo de los Invalidos, en París, hay una exposición permanente sobre la historia militar de Francia. En las salas dedicadas a la Segunda Guerra Mundial, los franceses, conocedores de su papel secundario en el conflicto a causa de su temprana derrota, han explotado con grandilocuencia el papel de la Resistencia en la Francia de Vichy, ese baldón negro de la historia de un país en el que los colaboracionistas con los nazis eran mucho más numerosos de lo que siempre se creyó.

En aquellas salas, me llamó mucho la atención un cartel expuesto, de los que se empleaban para empapelar las calles con consignas del poder político, al estilo de los utilizados durante la Guerra civil en España por los dos bandos. El cartel rezaba algo así como “estos son los héroes de la resistencia francesa”. Debajo, los rostros, nombres y origen de once o doce sujetos buscados por atentar contra las autoridades colaboracionistas de Vichy. Entre ellos, tres españoles, republicanos exiliados en el Midi francés, y activos maquis que aprovechaban su experiencia militar para cometer actos de sabotaje y atentados. Debajo, al final del cartel, en grandes caracteres: TERRORISTAS EXTRANJEROS.

La película merece la pena. Aunque no ahonda en los dilemas morales que pueden rondar la mente de un hombre que sabe que, junto al mayor criminal de la historia, el dictador que está destruyendo su amada Alemania, se va a llevar por delante a otros jerarcas, más o menos comprometidos con el régimen nazi pero que se amparan en la obediencia debida para buscar la cómoda seguridad del orden amparado en la tiranía.

Cruzar el Rubicón. El dilema moral entre la segura calma del orden, por inmoral que sea, y el viaje al abismo de quienes se resisten a la indignidad, los que traspasan el río sabiendo que ya no podrán volver a la paz de la otra orilla.

Sic semper tirannys. Así siempre a los tiranos.

miércoles, 21 de enero de 2009

GAZA

(II) LA PERSPECTIVA PALESTINA

Se ha completado la retirada del ejército israelí de Gaza, y se construye un alto el fuego sobre bases endebles – el enésimo en este conflicto- para que la comunidad internacional constate de modo fehaciente el fracaso de la diplomacia para detener una guerra tribal y vergonzosa en los tiempos que corren.

Disculpen por el retraso en la publicación de este segundo artículo, continuación del primero publicado en pleno apogeo de la operación “Plomo duro” y en la que analice, con vuestro concurso a través de los comentarios que aportábais –muchas gracias a todos- , el conflicto desde la perspectiva israelí.

Me ratifico en la búsqueda de la equidistancia y la serenidad a la hora de emitir cualquier juicio sobre un conflicto larvado en las entrañas de una tierra pobre en recursos y rica en historia, marcada a fuego por el legado de las tres grandes religiones monoteístas y que no conoce la paz desde tiempo inmemorial. Me reafirmo en la necesidad de respetar el derecho internacional, sus principios básicos y los contenidos de la Declaración Universal de los derechos humanos, como carta fundacional de la ONU a la que pertenece Israel como sujeto pleno de derecho internacional. Nada justifica una operación de la envergadura de la desarrollada por Israel en diciembre y enero, por desproporcionada, por errónea. Tendrá consecuencias a medio plazo, negativas para el propio Israel, que no tendrá mayores garantías de seguridad y estabilidad.

¿cómo se inició esta guerra larvada que se prolonga más de sesenta años?
Oficialmente en 1948, cuando los estados árabes que rodean Palestina declaran la guerra al estado que acaba de nacer, fruto de los planes de partición elaborados por la ONU ese mismo año. La guerra transcurre con fortuna para Israel, y se inicia el éxodo palestino hacia Gaza y los campos de refugiados de Líbano, Jordania, Siria y Egipto. La Nakba.
Mucho tiempo atrás, en Occidente ya se era consciente del desastre que se podía generar, en gran parte por la diplomacia secreta de la política colonial francesa y británica en la zona.

Sirvan las proféticas declaraciones de Balfour, Ministro inglés de exteriores cuando se empezó a negociar la creación de un estado hebreo en la zona, allá por los años 20:
«… les hemos prometido a los árabes la creación
de un hogar nacional árabe, de una monarquía
hachemita en Palestina, y les hemos prometido al
mismo tiempo a los judíos la creación de un hogar
nacional judío en no muchos años». Y terminaba Balfour
diciendo: «No podemos esperar un juicio muy
benevolente en el futuro de estas actuaciones»


Tras sucesivas guerras, acuerdos y desacuerdos, los tratados de Oslo consagraron el principio de que en la región ambas comunidades tenían derecho a coexistir, con la creación de un estado palestino árabe a partir de la devolución de los territorios ocupados por Israel desde la guerra de los seis días, en 1967. Se creaba, a tal fin, la Autoridad Nacional Palestina, como ente político-administrativo que debía asumir la interlocución palestina en el intervalo.

Sin embargo, un vistazo al mapa de los límites del futuro estado palestino dan idea de la inviabilidad del mismo, no solo desde el punto de vista organizativo, sino, sobretodo, económico.

Además, quedaban sin tratar asuntos espinosos como los Altos del Golán -reivindicados por Siria- y, fundamentalmente, la partición de Jerusalén, reconocida por Israel como su irrenunciable capital frente a la comunidad internacional, que sitúa la misma en Tel Aviv y no reconoce Jerusalén como capital del estado hebreo.

El liderazgo de la causa palestina recayó, durante muchos años, en Yasser Arafat. Sin embargo, a su muerte, las elecciones celebradas en los territorios bajo dominio de la ANP dieron el triunfo a Hamas, el grupo de inspiración islamista que había conseguido ganar más apoyos en los territorios ocupados a partir de una efectiva red de atención social que contrastaba con la percepción ciudadana de que la formación rival, Fatah, se había entregado a la corrupción y los intereses occidentales.

Por unas u otras razones, el liderazgo de la causa palestina, hoy en día, transita hacia un abismo complejo. El respaldo masivo a Hamas probablemente se haya reforzado con la ofensiva israelí, reforzando la teoría de que la violencia extrema favorece las posiciones igualmente extremas. A mi modo de ver la imagen de Al Fatah, la única facción viable para Occidente que ha reconocido los acuerdos de Oslo, se deteriora porque sus líderes, con mayor presencia en Cisjordania, no aparecen como víctimas de una ofensiva que se ha cebado con la población civil. No han sufrido en sus carnes la guerra.

Al mismo tiempo, Occidente sabe que el conflicto nutre de justificaciones ideológicas a los radicalismos islamistas, el terrorismo que sacude puntualmente nuestras ciudades y países. Y para ello, se ve en la tesitura de negociar con la fuerza electoralmente dominante en la región, Hamás, influenciada peligrosamente por Irán y cerca de otras organizaciones terroristas como Hezbola.


Lo paradójico es que Israel, como hicieran los Estados Unidos en los ochenta en Afganistán, fío su estrategia al fortalecimiento de grupos islamistas como Hamás, frente a movimientos de inspiración originariamente laica y de vocación nacionalista panárabe como Fatah.

Ahora se pagan las consecuencias de alimentar a una bestia, si no directamente, sí debilitando las otras opciones porque eran percibidas como amenazas mayores en su momento. A Israel le interesó siempre debilitar el factor panárabe, y eso ha sido aprovechado por Irán para ganar influencia en la región, invocando el factor religioso islámico.

Unas reflexiones finales.

En la Franja de Gaza subsisten más de un millón y medio de personas. Habitan un territorio fronterizo con Egipto, un vecino no siempre amable y temeroso de la expansión de movimientos islamistas como los Hermanos Musulmanes en su propio territorio. Un millón y medio de seres humanos que habitan un territorio de apenas 360 kilómetros cuadrados, cercado por un muro de protección levantado ante la pasiva indiferencia de Occidente.

Un millón y medio en 360 kilómetros cuadrados. Más de 4.000 habitantes por kilómetro cuadrado en Gaza. ¿cómo no iba a haber muertos civiles? Cerca de mil en tres semanas.

El término municipal de mi pueblo, La Roda, tiene 390. Y somos 16.000.


Cuánta sangre por tan poco.

martes, 6 de enero de 2009

GAZA

(I) UNA MIRADA DESDE LA PERSPECTIVA ISRAELÍ

Al fin me decido a escribir sobre este desastre. Porque es un desastre de grandes consecuencias. Me explico. Desde que en 1948 se desatara la primera gran guerra entre árabes e israelíes en Oriente Próximo, este conflicto ha sido, por este orden, campo de batalla de la Guerra Fría y la lucha entre bloques, catalizador de la acción de grupos terroristas islamistas, válvula de escape de la política interna israelí o testimonio del fracaso más absurdo atribuible a las Naciones Unidas, cuyas resoluciones en torno a este conflicto carecen del más mínimo valor. Un desastre en términos políticos porque inyecta gasolina al fuego latente y alentará el fanatismo en uno y otro lado.

Cuando empecé a interesarme por el conflicto árabe israelí, lo quise hacer desde el lado hebreo en primer término.

Y a esta perspectiva dedico este primer comentario.

Siempre he sentido cierto rechazo por las versiones maniqueas de la historia, pero más aún por la política de hechos consumados a la hora de encasillar en bloques estancos a los defensores de Israel y a los de la causa palestina. Comencé por un libro de Shlomo Ben Ami, "Israel entre la guerra y la paz", de quien fuera embajador de Israel en España en los ochenta, y un tipo con un inmenso bagaje cultural. No soy un experto en este asunto, ni tengo la más mínima pretensión de que en un post, o dos, o varios –que el tema da para muchos- se vaya a aportar algo más que no sea la visión subjetiva y escasamente precisa de un aficionado a la historia. Así que, permítanme que no tome partido, si no es por el derecho internacional y la defensa de los derechos humanos, en torno a los cuales –mis queridos críticos- pueden acusarme de manifiesta parcialidad sin temor a reproche alguno.

Así, a primera vista y a mi humilde entender, el factor electoral es clave en esta acción ofensiva israelí. En febrero hay elecciones. Y que Dios nos coja confesados si, como parece, el Likud de Netanyahu, se hace con un triunfo electoral que hasta esta ofensiva se daba como seguro en Israel. La coalición gobernante, con Kadima y el Partido Laborista ha desatado la ofensiva con la intención de combatir la percepción ciudadana de indolencia frente a los ataques palestinos con los ya famosos cohetes Qassam. Si se tiene en cuenta que la población israelí percibe la famosa desconexión de Gaza como una concesión harto generosa por parte de Israel a la causa palestina, se entenderá que la psicología colectiva no asuma cómo después de ceder en este asunto, se utilice Gaza como punto de lanzamiento de cohetes, por parte de Hamas, sobre las ciudades vecinas de Israel.

Otro factor a tener en cuenta. La losa de la derrota en Líbano en 2006.
Sí.
Derrota.
Cuando un estado posee suficiente armamento convencional y no convencional como para destruir a otro enemigo que use tácticas de guerra convencional en apenas 72 horas, cualquier estancamiento en las operaciones, o la pérdida de soldados en una proporción más alta de la normal, es entendido por la ciudadanía como una derrota.

Ya lo sufrió Estados Unidos en Vietnam o más recientemente en Irak. Y hace un par de años Israel lo experimentó en sus carnes en su acción contra Hezbolá en Líbano.

Hamás lo sabe, y por ello quiere llevar la acción al cuerpo a cuerpo, donde más difícil va a resultarle a Israel minimizar bajas y transmitir la imagen de una victoria ejemplarizante, absoluta, total, como las que jalonaron el glorioso pasado de un ejército acostumbrado a luchas épicas contra una multitud de enemigos.

De modo que, de lado israelí, o la operación termina con una victoria absoluta a ojos de sus ciudadanos, o el actual gobierno, con Livni y Barak jugándoselo todo a la carta de la firmeza como única salida, lo va a tener crudo frente al Likud. Este partido ha jugado en la política israelí la baza del nacionalismo hebreo, la desconfianza hacia los árabes y la oposición a cualquier pretensión de desmantelamiento de los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania, verdadero caballo de batalla de este laberinto y cuestión indefendible por nadie en su sano juicio, porque se basan en la concepción de israelizar con judíos ortodoxos los territorios ocupados con emplazamientos artificiales que rompan la identidad palestina en un territorio del que fueron expulsados hace ahora 42 años. Totalitarismo puro.

Un comentario final. ¿se acuerdan de Isacc Rabin? Aquél primer ministro al que un apretón de manos a Arafat con Clinton como maestro de ceremonias le costó la vida por obra y gracia de un extremista de la derecha radical israelí, contraria al proceso de paz.

En 2005 se conmemoró el décimo aniversario del magnicidio.

Por primera vez, al acto acudió un miembro del gobierno del Likud, la derecha teóricamente moderada de Israel. Hasta ese momento, seguía siendo como un traidor a la causa israelí, un cobarde que había cedido ante los terroristas de la OLP.

Ese miembro del gobierno era Tzipi Livni, actual ministra de exteriores. Hasa ese punto la situación política interna condiciona lo que está ocurriendo en Gaza.

Será candidata por Kadima, la fuerza de centro-derecha escindida del Likud y que concurre a las elecciones en febrero al frente de dicho partido.