Una vez más, mis disculpas por el retraso. No tengo demasiado tiempo, y cuando lo encuentro, el vértigo de la actualidad, que no espera a nadie, me supera y convierte en obsoleto un tema sobre el que me había propuesto escribir días antes.Dado que ese no es el caso de la nueva administración Obama, la crisis económica y sus derivadas, aquí juego sobre seguro. Me temo, que aunque me retrase unos días en escribir esta reflexión, la situación seguirá siendo igual de preocupante.
Si les soy sincero, no creo que pueda aportar mucho desde aquí a la catarata de datos diarios, desde los más intrascendentes hasta los más apocalípticos, que cada mañana perturban nuestra conciencia. Pero en fin, algo aportaremos al hilo de las noticias que vienen del otro lado del Atlántico, del nuevo marchamo de la política norteamericana desde la toma de posesión del nuevo presidente.
Asumido que en la era de la globalización, cualquier catarro severo al otro lado del Atlántico tiene consecuencias dramáticas para la salud financiera de la depauperada Europa.

Los que seguís este rincón de elucubraciones varias, recordaréis un comentario anterior sobre el fenómeno Obama, sus consecuencias para el mundo y la rapidez con que los agoreros intentarían despertar a la ingenua izquierda europea de su particular luna de miel con los ciudadanos de las barras y estrellas, los que habían despertado del letargo de la era Bush para dar el giro insólito a lo que algunos consideran un exotismo de la historia.
Sigo manteniendo que la mejor receta contra la desesperanza, contra las previsibles ilusiones defraudadas, es mantener un juicio sereno sobre lo que es posible y no lo es en el contexto de la política norteamericana. Si se analiza la historia reciente de ese país, (y cuando digo reciente me extiendo hasta el fin de la segunda guerra mundial), nunca los demócratas se han encontrado una situación de partida tan compleja. Nunca habían tenido que heredar en la transición de poderes un desierto económico como el que la administración Bush le deja al nuevo presidente. Nada funciona. Ni el sistema bancario, que se desploma, ni la cobertura social, inexistente en el país, ni los resortes del país frente a las emergencias, ni las industrias estratégicas…. No es la primera vez que les ocurre, ciertamente. También les tocó bailar con la más fea después de la crisis económica del 29, con Roosvelt, o tras la salida de Vietnam, con Carter y que dejó a medio país metido en el diván.
En política exterior, rotos los consensos con medio mundo, el unilateralismo ha dado paso a la cultura de la tierra quemada en aras de la imposición de un conjunto de valores por la fuerza, de lo que la administración republicana ha entendido como los valores universales, como valores democráticos a imponer porque sí, y más si el enemigo tiene algún valor geoestratégico por sus recursos o por su posición en el tablero de los grandes estrategas.

Mucho empeño le va a tener que poner Obama a la situación para luchar contra quienes se van a sentir defraudados a las primeras de cambio.
En la misma toma de posesión del nuevo presidente, la derecha española empezó a inocular los anticuerpos de hiperrealidad, con vistas a refrenar la euforia de una izquierda demasiado entusiasta y crecida con el triunfo.
Para que quede claro.
Obama no es un presidente de izquierdas, al menos en el sentido europeo del término. No le pidan que asuma como propios valores como la extensión del derecho al aborto, la prohibición de la tenencia de armas, de la pena de muerte, de la extensión de la edad penal mínima a límites sensatos a nuestros ojos.
No le pidan que deje de invocar a Dios cada vez que tiene ante sí la oportunidad de transmitir un mensaje trascendental para sus ciudadanos, ni pretendan que interne en puertos de la costa este la media docena de portaaviones nucleares que orbitan por el planeta bajo bandera yanqui.
No esperen un compromiso inequívoco con el pueblo palestino, por justa que les parezca su causa, ni que corte de raíz cualquier alianza estratégica con el nuevo gobierno israelí de Netanyahu.
Por favor, quédense con sus gestos, con sus acciones en el marco de lo posible, de lo realizable para el gobierno de un país como Estados Unidos. Y ya se han dado los primeros gestos.
Es el primer presidente que menciona a los no creyentes en su discurso de toma de posesión.

Asume el cierre de Guantánamo como un imperativo moral, y con ello, por cierto, no debilita la posición de su país contra el terrorismo, sino que se rearma moralmente para combatir un mal mundial con las armas de la razón.
Embarca a su país en el mayor programa de desarrollo de energías renovables de su historia.
Plantea una fecha cierta para la retirada de Iraq.
Y por último, promueve un presupuesto histórico en términos de prioridad de gasto, combatiendo la pujanza neoliberal, imperante en la filosofía política más reciente desde los tiempos del binomio Thatcher-Reagan.
El tiempo dirá si las cosas resultan de acuerdo a los planes de una administración que se embarca con esta política económica en un déficit público histórico.
Hace un tiempo dijimos por estos lares que se abría un tiempo de esperanza ante el que nos sentíamos legítimamente esperanzados. Han pasado unas semanas. Sólo unas semanas. Y, honestamente, creo que hay razones para la esperanza.
Falta nos hace.
Post data. También hablamos por aquí en su día del discurso liberal del nuevo presidente francés, Sarkozy. De su apostolado liberal para reformar la sobreestatalizada economía francesa. ¿Se acuerdan? Quien le ha visto y quien le ve.

7 comentarios:
Muy bonito lo de Obama y los liberales demoniacos, pero no habla usted de Moltó. Sí, el señor ese mediante el cuál ustedes gobiernan un banco.
Gracias por lo de bonito.
En cuanto a los temas de los que hablo, afortunadamente soy libre para elegirlos, como usted para decir tonterías.
El agujero de CCM generado por una mala gestión política de la misma, no creo que sea una tonteria.
Peeero, es mejor que el pueblo no sepa nada de eso, no es bueno para el partido, ¿verdad?.
Hágase un favor y hágamelo a mí también. Si le apetece hacer algún comentario relacionado con la entrada, hágalo. De lo contrario, si quiere hablar de cuestiones ajenas, tengo por norma no hacerlo con gente que se escuda en anónimos. Como yo hago en este blog, deje usted su nombre y correo electrónico y me pondré en contacto con usted para hablar de ese y de cualquier otro asunto en que tenga interés.
Pero le ruego que no me haga perder más el tiempo introduciendo temas que no constituyen el objeto de este blog. Que todos nos conocemos, ¿verdad...?
Le haré el favor de no hablar de CCM y de la avaricia bancaria.
A ver si esto le parece más adecuado para su blog.
Pienso que si la gente piensa que los políticos, sean del país que sean y de la ideología que sean, son los que nos van a sacar de la crisis con sus maravillosas ideas, sus planes de bomberos y sus poses para revista, es que estamos más jodidos de lo que pensaba.
Yo creo que es la hora del ciudadano libre en todos los ambitos, libre de etiquetas políticas utilizadas por los políticos para dividir y enfrentar a la gente.
Permítame que sea excéptico con respeto a los líderes mesiánicos, se llame Bush, Obama, Rajoy o ZP.
No soy excéptico de la política, pero sí de quienes dicen representarnos.
1.- No se confunda. No me hace ningún favor hablando de uno u otro tema. Si considera necesario hablar de lo que plantea, hágalo dejando su dirección de correo electrónico y nombre completo. Y me pondré en contacto con usted para ello.
2.- La "gente" tiene derecho a pensar lo que quiera, que bastantes años ha costado, por cierto. Incluso tienen derecho a -según usted- equivocarse y vivir en la falacia de la representación democrática.
3.- Seguramente el sistema no es perfecto, y está sometido a tensiones constantes. Nadie dijo que el parlamentarismo fuera el sistema por el que se alcanzase de forma total el ideal de la absoluta libertad individual. Pero hay algo de perverso en sus palabras cuando intenta iluminar a "la gente" sobre el error en que vive y la facilidad con que son engañados.
4.- Tiene todo el derecho del mundo a mostrarse excéptico respecto al supuesto mesianismo de determinados líderes. Igual que "la gente" también tiene el derecho a sentirse legitimamente ilusionada. A veces sus palabras destilan cierto aroma a imposición, a verdad absoluta basada en la clarividencia del vidente que advierte sobre la ceguera de los demás. Es la misma receta con la que el totalitarismo -en todas sus formas- ha intentado imponer una visión unívoca del mundo en otros momentos de la historia.
5.- Como puede ver, aprecio sinceramente su intención de introducir comentarios al hilo de la entrada concreta. Si no es mucha molestia, continúe por ese camino, seguramente más enriquecedor para ambos si, como creo, somos capaces de mantener una discusión sensata para sacar algo positivo de este invento.
No trato de iluminar a nadie, ni mucho menos hago proselitismo, posiblemente la gente que confía en este sistema esté en lo correcto.
El parlamentarismo y la democracia nadie los discute, bueno hay gente que sí, yo no.
Otras personas lo que discutimos es la forma en que ciertos políticos se apropian de la democracia para utilizarla en beneficio exclusivo del partido.
Ni antidemocracia, ni imposición, ni totalirismo.
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